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Crónicas de Marianela

que el maestro no fuera necesario, omejor dicho, en que sólo la lectura de su
«Crotalogía» nos pusiera encondiciones de repiquetear. Así como de la lectura atenta
de un tomo defilosofía se sale al cabo filosofando, de la lectura de la «Crotalogía»se
sale también castañeteando.
La idea del licenciado Francisco Agustín Florencio de suprimir laenseñanza
práctica se ajusta a la pedagogía moderna, en la que todo estálibrado a la eficacia de
los textos por sí mismos. Por otra parte, noexistiendo solfa ni partituras para tocar las
castañuelas, la«Crotalogía» es imprescindible y viene a llenar esta evidentedeficiencia
de los compositores. Para tocar las castañuelas no hay másque traducir el propio
capricho digital, la interna nerviosidad cuyoúltimo escape está en la punta de los
dedos. Ahora bien: como losnervios son distintos en cada criatura, el licenciado no
podía prevertan enorme variedad, y así ha preferido eludir toda previsión, que esuna
forma de tenerlo todo previsto.
Respecto a la gracia, siendo ella don divino, cae fuera de la acciónpedagógica del
licenciado don Francisco Agustín Florencio. Lascastañuelas es el único instrumento
no sujeto a pautas ni a solfas. Cadacual las toca como le da la gana, en libre
inspiración, y aquí estáprincipalmente la razón de su arraigo en España, después de
haber pasadopor Grecia y por Roma.
Espero que habré dejado complacida a mi bella comunicante. El tema deesta
crónica no puede ser más alegre. Pero si yo, con mi tendencia a lagravedad, lo hubiera
entristecido, lea mi amiga la «Crotalogía» dellicenciado Francisco Agustín Florencio,
que es un libro clásico muydivertido. Y si aún asimismo no consiguiera alegrarse,
átese los«paliyos» a los «dediyos» que han de ser seguramente muy remononos, ydése
tres «pataítas», con el cuerpo retrechero en jarras y los brazos envuelo, que es la
postura de los ángeles terrestres. Desde aquí laacompañará mi jaleo con los
sacrosantos: ¡olé! ¡olé!...
ROSALIA EN «LOS CARPINCHOS»
La crónica de esta semana me la da hecha una carta que acabo de recibirde mi
mejor amiga, compañera en el colegio y luego en los salones,Rosalía Arregui del
Moral de Pérez y Cámpora. Esta retahila de apellidosmerece una pequeña explicación.
Mi amiga es rica por sí y por su marido,aunque ha venido un poco a menos, cómo ella
misma explica en su carta,debido a dos causas coincidentes: el excesivo gasto del
matrimonio enBuenos Aires y ciertas especulaciones malogradas por la crisis.
Lafortuna de Rosalía arranca de su abuelo, el vasco Arregui, hombre tenazy laborioso,
que empezó de alambrador de campos y terminó en granestanciero. La de Ricardo, el
esposo de mi amiga, proviene igualmente desu abuelo, el señor Pérez, uno de los
primeros registreros de la calleRivadavia, allá por los tiempos de la presidencia de
Sarmiento. Elsegundo apellido de Rosalía, el sonoro del Moral, pertenece a
 
 
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