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Crónicas de Marianela

inducido asolicitar del Director del gran diario, Don Ezequiel P. Paz, el
permisopara editarlas.
La benevolencia gentil del señor Paz ha otorgado el consentimiento, yhoy
aparecen los chispeantes artículos de la distinguida escritoracompilados en
este elegante volumen. Notorio es el éxito creciente quehan logrado estas
crónicas; aparte su mérito literario, puesto derelieve en un estilo fácil, terso y
armonioso, contienen otra cualidadmás esencial aun, consistente en su sana
orientación ética, en unacrítica, suavemente irónica, de nuestros hábitos y
costumbres. Trátase,en fin, de un libro interesante, ameno instructivo, en el
cual, a labelleza artística, se unen, en consorcio admirable, útiles normas
deconducta, expuestas con delicado humorismo y singular gracejo narrativo.
Pedro L. Balza
(Editor)
PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD
Su presentación en sociedad es el primer episodio interesante en la vidade la mujer.
Ha terminado la infancia, que acaso sea lo mejor de laexistencia. La trasformación de
la niñez en pubertad trae también uncambio completo en la vida del espíritu.
La niña se ha convertido en señorita. Ya la muñeca ha quedadoabandonada. La
mamá de la señorita, con dulce melancolía, la recoge y laguarda en un mueble
tradicional. La señorita no hace caso de su muñeca:le parece un objeto antediluviano,
pues aunque el tiempo pasado es poco,la trasformación es tanta que todo lo de ayer ha
adquirido carácterremoto. Ya vendrá un día en que vuelva sus ojos, acaso tristes,
acasollorosos, a la muñeca que alborozó sus horas infantiles. Pero ahora, no;ahora ha
quedado relegada a completo olvido. Porque la señorita se hallatrémula de emoción.
Se va a presentar en sociedad; está por asomarse almundo. Y un tumulto de ideas,
mejor dicho, de imaginaciones—porque,propiamente ideas sobre el mundo, no tiene
aun la señorita—asaltan sumente en ligero torbellino, se agitan, bullen, vuelan y
revuelan comomariposas en torno del foco luminoso.
¿Cómo será el mundo? He ahí la preocupación de la señorita. Pero
estapreocupación está exenta de tristeza, de gravedad, de pesimismo. Porque,en
realidad, no se pregunta: «¿cómo será el mundo?», interrogación hartofilosófica para
sus años y su inexperiencia. Lo que ella se pregunta es:«¿cómo le pareceré yo al
mundo?». Y a medida que se atavía y se adornay se embellece con los mil recursos
que la moda inventa, piensa laseñorita, frente al espejo que refleja su figura de mujer
en esbozo: «yocreo que le voy a parecer bonita al mundo». Y esta idea
optimista,justificada desde luego, porque la señorita es linda, le produce unaalegría
exultante, alborozada, llena de íntimo regocijo. En ese momentodel atavío, los detalles
 
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