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Crónicas de Marianela

LA MODA Y EL DIABLO
Gracias a Dios y a la actividad inteligente de mi marido gozo la dichadel ocio para
poder cultivar un poco mi espíritu con lecturas amenas ydivagaciones estéticas. El
ocio es la primera condición para poderdisfrutar de las manifestaciones artísticas. Sin
abandonar misobligaciones sociales y mundanas—visitas, tertulias, juntas de
caridad,bailes, saraos, funerales, bodas—consagro la mayor parte del tiempo ala
lectura.
Mi mayor placer es poner mi pobre espíritu en contacto con los
espíritusexcepcionales, sintiendo cómo ellos dotan de alas al mío con sus
noblespensamientos y elevada emoción, produciéndome algo así como la gloriadel
vuelo y hendiendo con su auxilio las zonas inexploradas de laconciencia y del alma.
El escribir es una actividad reciente en mí. Yalo habréis notado por lo endeble y
desmañado de mi estilo, por su faltade elegancia y de precisión, por su pobre
ideológica y por esas fallasde sintaxis que se observan siempre en la prosa femenina
por esmeradaque haya sido nuestra educación. La sintaxis enseña a coordinar y unirlas
palabras para formar oraciones y expresar conceptos. Pero como elespíritu de la mujer
es por condición ingénita un poco incoordinable ycaótico, sus maneras de expresión,
tendientes al charloteo, a imitacióndel grifo suelto, se rebela a la sintaxis que es la
disciplina deldiscurso. Hartas disciplinas de hecho y de derecho tenemos las
mujerespara someternos también a ésta de la gramática. Nuestra única libertaden el
mundo es la sintáctica. Y conste que no soy feminista. Pero deesto hablaremos otro
día.
Decía que mis mayores delectaciones están en la lectura. Mis autorespredilectos son
aquellos escritores mixtos de poetas y filósofos, enquienes existe cierta armonía y un
ponderado equilibrio entre lasemociones del corazón y el vuelo de la mente. No gusto
de losexclusivamente poetas, porque en ellos todo es exageración yfantasmagoría; ni
de los exclusivamente filósofos, constructores desistemas, para cuya comprensión,
además de carecer de cultura, noalcanzan las débiles luces naturales de mi
entendimiento.
¿Y a qué viene todo esto? Todo esto viene a cuento de que el otro díaestaba leyendo
una comedia de Shakespeare. Me gusta mucho más leer alglorioso cisne del Avon que
oir sus obras en el teatro, pues lasacotaciones del texto suelen tener un interés crítico y
poéticoextraordinario. Gústanme también mucho más sus comedias, tan graciosas,tan
espirituales, que sus dramas, tan rudos y tan sombríos, con pasionestan violentas y
protervas que parece no cupieran en el frágil vaso de lanaturaleza humana. Pues bien:
leyendo una comedia de Shakespeare toparonmis ojos con esta frase: «La mujer es un
manjar de los dioses cuando nolo adereza el diablo».
 
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