Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Crónicas de Marianela

siempre hacer lo contrario. A cada casoparticular apliqué una saludable desconfianza.
Por último me enamoré deveras, con la reflexión y con el sentimiento. La reflexión
me decía quemi naturalista era bueno, leal, culto, tierno, muy hombre además
paraluchar en la vida. Y a compás de estas ideas el sentimiento se encendíaen amor.
Pero antes de decir «sí» bailamos mucho, conversamos mucho, yyo, por mi parte,
traté de verle el alma a la luz de un constanteanálisis. Y cuando vi que era buena y alta
y digna y hermosa le di elmás absoluto imperio sobre la mía. Sobre mi persona tenía
él también suconcepto. Y ahora y por siempre mi amor me lleva a ser como él
meimagina, que es el amor perfecto. Y siendo como él quiere, soy como yoquiero, y
cuanto más le gusto más me gusto.
Y así el esquife de nuestro amor marcha por el piélago de la vida,seguro de que
nunca zozobrará...
EL NO DE LAS NIÑAS
Facilísimo es dar el «sí»—«el sí de las niñas»—como reza el título dela ingenua y
cursililla comedia de Moratín, que hizo las delicias denuestras abuelas. El «sí», a una
proposición de matrimonio, cuando elproponente nos agrada, brota espontáneo, casi
sin palabras; lo damos conlos ojos, con el movimiento balbuciente de nuestros labios,
oprimiendocon el nuestro el brazo del cual vamos asidas en el baile. Esta
últimaactitud, oprimir el brazo, asirnos a él, suele ser la más corriente comoreveladora
de nuestro gozoso asentimiento. La que para dar el «sí»emplea mucha retórica,
muchos requilorios, circunloquios y rodeos,mucha charla alambicada y sutil, es que
en realidad no estáverdaderamente enamorada. Acepta por causas ajenas al amor;
porque esbuen partido, porque quiere emparentar bien, etc., etc. El amor, comotoda
pasión vehemente—y es el amor la más vehemente de todas—esconciso en su
expresión, monosilábico, casi mudo. La palabra muere en elnudo que la emoción
forma en la garganta. Todas esas escenas de comedia,en prosa y verso; todas las
páginas amorosas de las novelas, en quesalen a relucir las flores, los arroyuelos, las
estrellas, la luna, losángeles y los serafines, todo, absolutamente todo eso, es
mentira,completamente mentira. El amor, el verdadero amor, no halla palabras,
noencuentra léxico para expresarse. Por eso el baile es su mejor auxiliar,pues el
abrazo—el abrazo danzando, perfectamente admitido—nos ahorrael estudio del
diccionario para dar con los términos académicosapropiados al caso. El concurso, la
gente de un salón, que ve bailar, noadvierte que cierta pareja abrazada y danzante da a
su abrazo, en unmomento determinado, un sentido trascendental, de unidad de vidas,
defusión de espíritus, de enlace de corazones. Yo dí el «sí» así,bailando; pero lo dí sin
palabras. De pronto, preguntó él: «Bueno,¿y?...» porque él también, como buen
enamorado, era monosilábico, casimudo. Mi respuesta fué oprimirle el brazo, latir
como nunca he latido ymostrarle mis ojos húmedos. Y el hombre arrancó a valsar con
tal furiaque parecía movido por todo el carbón que emplea ahora la escuadrainglesa en
 
Remove