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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

...Esta
es
la
justicia
Que facer el Rey ordena...
EL DUQUE DE RIVAS
D. Alvaro de Luna.
Contarse merece, siquiera sea brevemente, la historia de la
mujer cuyodelito se castigaba con la pena de muerte. Casada
con un pobrecampesino, vivía en los arrabales de la pequeña
población del Mariel, nosabemos cuanto tiempo hacía, ni hace
mucho al caso tampoco. Pero sin serjoven ni hermosa, contrajo
ella relaciones ilícitas con un hombresoltero del mismo pueblo.
Séase que el marido averiguara lo que pasaba yamenazara tomar
venganza, séase que los amantes quisieran librarse deaquel
estorbo, el hecho fue que entre los dos concertaron matarle.
Yconseguido esto, que no cuesta gran trabajo matar a un
hombre, trataronde ocultar las huellas del crimen descuartizando
el cadáver y arrojandoa un río inmediato los cuartos
ensangrentados, cosidos en un saco. Talesfueron los hechos
principales dilucidados en la causa.
Ahora bien, ¿qué papel desempeñó la mujer en el horrible
drama? Eso nose puso en claro. En su defensa desplegó tan
desinteresada como raraelocuencia el joven y brillante abogado
Anacleto Bermúdez,[16] queacababa de llegar de España, en cuyos
consejos se había recibido deabogado e hizo en esa causa su
estreno como hábil criminalista. El hechoera atroz, sin embargo,
y la criminalidad de la mujer quedó probada,pues si no había
herido con su propia mano, había tomado parte principalen el
asesinato y en la ocultación del cadáver. Se hizo, por
tanto,necesaria su condenación a último suplicio, aunque éste
fuese el dehorca, pues que entonces sólo se aplicaba el del
 
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