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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

Militar Permanente como conspiradorcontra los derechos de la
corona de España, logré evadirme el 4 de abrilde 1849, en unión
de don Vicente Fernández Blanco, reo de delito común ydel
llavero de la cárcel García Rey; quien de allí a poco fue causa
deuna grave dificultad entre los gobiernos de España y de los
EstadosUnidos. Por extraña casualidad los tres salimos juntos en
barco de veladel puerto de La Habana; pero nuestra compañía
sólo duró hasta la ría deApalachicola, en la costa meridional de
Florida, desde donde me encaminépor tierra a Savannah y
Nueva York.
Fuera de Cuba, reformé mi género de vida: troqué mis gustos
literariospor más altos pensamientos; pasé del mundo de las
ilusiones, al mundo delas realidades; abandoné, en fin, las
frívolas ocupaciones del esclavoen tierra esclava, para tomar
parte en las empresas del hombre libre entierra libre.
Quedáronse allá mis manuscritos y libros, que si bienrecibí
algún tiempo después, ya no me fue dado hacer nada con
ellos;puesto que primero como redactor de La Verdad, periódico
separatistacubano, luego como secretario militar del general
Narciso López, llevévida muy activa y agitada, ajena por demás
a los estudios y trabajossedentarios.
Con el fracaso de la expedición de Cárdenas en 1850, el
desastre de lainvasión de las Pozas y la muerte del ilustre
caudillo de nuestraintentona revolucionaria en 1851, no cesaron,
antes revivieron nuevosproyectos de libertar a cuba, que venían
acariciando los patriotascubanos desde muy al principio del
presente siglo. Todos, sin embargo,cual los anteriores
terminaron en desastres y desgracias por el año de1854.
En 1858 me hallaba en La Habana tras nueve años de
ausencia. Reimpresaentonces mi novela Dos Amores, en la
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