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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

bajos para la familia, con entrada común por la sala,puerta y
ventana al comedor y al patio.
Este formaba un cuadrilátero, en cuyo centro sobresalía el
brocal depiedra azul de un aljibe o cisterna, donde, por medio de
canales de hojade lata y de cañerías enterradas en el suelo, se
vertían las aguasllovedizas de los tejados. Una tapia de dos
varas de elevación, con unarco hacia el extremo de la derecha,
separaba el patio de la cocina,caballeriza, letrina, cuarto de los
caleseros y demás dependencias de lacasa.
Entre el zaguán y los cuartos llamados escritorios, descendía
alcomedor, apoyada en la pared divisoria, una escalera de piedra
tosca conpasamanos de cedro, sin meseta ni más descanso que la
vuelta violentaque hacían los últimos escalones casi al pie. Esa
escalera comunicabacon las habitaciones altas, compuestas de
dos piezas: la primera quehacía de antesala, tan grande como el
zaguán; la segunda, todavía mayor,como que tenía las mismas
dimensiones que los escritorios sobre loscuales estaba
construida y servía de dormitorio y estudio. Con efecto,los
muebles principales que la llenaban casi, eran una cama o catre
dearmadura de caoba, cubierto con un mosquitero de rengue
azul, un armariode aquella propia madera, un casaquero o
percha de lo mismo, un sofánegro de cerda, unas cuantas sillas
con asiento de paja, una mesa a modode bufete, y una butaca
campechana.[9] Sobre los tales muebles sehallaban varios libros,
unos abiertos, otros cerrados o con una o máshojas dobladas por
la punta, empastados a la española, con canto rojo,todos al
parecer de leyes, según podía notarse, leyendo los
letrerosdorados en los lomos de algunos. En el sofá únicamente
dos periódicos enforma de folletos: el más voluminoso con un
malísimo grabado querepresentaba los figurines de un hombre,
 
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