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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

monjas Claras. En esepunto, paró Aponte por segunda vez el
quitrín, el hombre en silenciosubió a la zaga, diciendo luego a
media voz: ¡Arrea! Partió entoncesaquél a escape, pero no sin
dar tiempo a que se acercara lo bastante elmúsico, para advertir
que el individuo que le reemplazó en la zaga delcarruaje era el
mismo joven blanco, Leonardo, que tantos celos le
habíainspirado en la cuna.
CAPÍTULO VII
¿Y
qué
modo
de
hombre
es
él,
es
negocio
moscatel,
es
discreto
vergonzoso,
o dulce o acibaroso?
LOPE DE VEGA
La Buscona
En el barrio de San Francisco y en una de las calles menos
torcidas, conbanquetas o losas en una o dos cuadras, había, entre
otras, una casa deazotea, que se distinguía por el piso alto sobre
el arco de la puerta, ybalconcito al poniente. La entrada general,
como la de casi todas lascasas del país—para los dueños,
criados, bestias y carruajes, dos delos cuales había comúnmente
de plantón—era por el zaguán; especie decasapuerta o cochera,
que conducía al comedor, patio y cuartosescritorios.
Llamaban bajo este último nombre los que se veían a la
derecha, acontinuación del zaguán, ocupados, el primero por
una carpeta doble decomerciante, con dos banquillos altos de
madera, uno a cada frente, ydebajo una caja pequeña de hierro,
cuadrada, que en vez de puerta teníatapa para abrirse o cerrarse,
siempre que se guardaban en ella o sesacaban los sacos de
dinero. En el lado opuesto de la casa se veía lahilera de cuartos
 
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