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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

—Eres injusto, muy injusto con tu padre y conmigo. Con él,
porque noaccedí a sus ruegos sino cuando me convencí
plenamente de que eranrectas y santas sus intenciones respecto
de ti, de la familia y de lamisma Valdés. Conmigo eres injusto,
porque viendo que tu padre estabaresuelto a cortar de cualquier
modo, costara lo que costara, tusrelaciones clandestinas con la
muchacha, decidí encerrarla en lasRecogidas por un corto
tiempo, digamos, hasta tanto que te recibes deBachiller y te
cases como Dios manda y como conviene a tu clase y alcaudal
de tu familia. Que después, si te parece, volverás... a losprimeros
amores.
Leonardo se quedó callado y pensativo, y dijo luego
contibieza:—¡Adiós, Fernando!
Este le detuvo por el brazo y repuso:—No has de irte de esa
manera,cual si hubiésemos reñido. Ven a mi palco: saludarás a
mi esposa y oirása mi lado el segundo acto de la ópera. Para
aliviar ciertos dolores nohay bálsamo comparable con el de una
buena música.
CAPÍTULO VII
El mayor monstruo, los celos.
CALDERÓN
—¿Qué enredo te traes tú con una muchachuela de los
arrabales?, lepreguntó doña Rosa a su marido todavía en la
cama.—Di, contesta, añadiócodeándole por las espaldas, porque
le pareció que se hacia el sueco oel dormido.
—Yo no me traigo ni me llevo enredo con nadie, Rosa,
contestó donCándido entre sueños.
 
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