Not a member?     Existing members login below:

Cecilia Valdes o la Loma del Angel

Por disposición de doña Rosa, el boyero tomó interinamente el
bastón,quiere decir, el látigo, mejor, el mando de los esclavos
del ingenio deLa Tinaja.
CAPÍTULO VII
15. ¿En dónde, pues, está ahora miesperanza?
16. A lo más profundo del sepulcrodescenderán mis cosas, ¿crees túque
siquiera allí tendré yo reposo?
JOB. XVII
Declinaba a toda prisa la tarde. Allá, por el rincón más
apartado delbatey, aún se oía el rudo tambor con que los negros
se acompañaban elmelancólico canto y el baile salvaje de su
país natal.
Acá, por la casa de ingenio, había gran agitación y ruido. Las
torres ochimeneas de los hornos para hacer vapor y calentar las
pailas del trenJamaiquino,[50] lanzaban al aire columnas de humo
negruzco y espeso.
El bozal del maquinista, recién llegado del granítico Maine, en
losEstados Unidos de Norte América, con la alcuza de cuello
largo y corvoen la mano, iba del trapiche para la máquina y de
ésta para aquél,dando aceite a las juntas y ejes, a fin de moderar
la fricción, causafatal de las pérdidas de fuerza.
Impaciente y desazonado el maestro de azúcar, aguardaba la
corriente delguarapo que debía poner a prueba su habilidad en
hacer ese dulce concaña molida según un nuevo sistema. Por su
parte los negros del cuartode prima miraban recelosos y
azorados los preparativos que se hacíanpara resolver el
problema de hacer azúcar sin necesidad de las ariscasmulas ni
de los cachazudos bueyes.
 
 
Remove