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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

grito penetrante ycerraron los ojos. ¿Quién de los dos había
caído? ¡Momento de terribleansiedad!
Mientras el caído continuaba gimiendo sordamente, el otro
parecióacercarse a paso menudo hacia la calzada. En segundos,
que no enminutos, salió de la densa oscuridad que le rodeaba,
mucho más densapara los ojos de los que le aguardaban y que
del sobresalto no podíanver claro. Venía riente, ligero como un
gamo, envainaba el cuchillo y seponía el sombrero hecho trizas.
Era José Dolores Pimienta. Cecilia fuela primera a recibirle, y
sin saber lo que hacía, por un impulso de sualma generosa y
sensible, le echó los brazos al cuello, preguntándolecon
cariño:—¿Te han herido?
—¡Ni un arañazo! contestó él, tanto más orgulloso cuanto que
sentíasobre su corazón la cabeza de la mujer a quien adoraba sin
esperanza decorrespondencia. En oyéndole ella, lloró de pura
alegría cual la niñaque recupera su muñeca cuando la juzgaba
irrevocablemente perdida.
TERCERA PARTE
CAPÍTULO I
vistes
de
jazmines
Al
arbusto
sabeo,
Y
el
perfume
le
das
que
en
los
jardines
La fiebre insana templará a Lieo.
A. BELLO
Separose Leonardo Gamboa de su familia después de
almuerzo en la dehesao potrero de Hoyo Colorado, y en la
 
 
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