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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

y se espera que vaya Nemesia yseña Clara, y Mercedita Ayala, y
todas las amigas.
Será un baile de ringorrango. Hará raya, yo se lo digo a la
señorita.
—Lo más fácil es que yo no pueda asistir, dijo Cecilia.
Chepilla noestá buena y temo dejarla sola.
—Pues si falta la señorita, cuente que no habrá luz para
alumbrar elbaile.
—No sabía que Vd. era tan lisonjero, dijo Cecilia sonriendo
ymoviéndose hacia la puerta.
—No debe la señorita ir sola, dijo José Dolores.
—Nadie me comerá, pierda Vd. cuidado. No se moleste.
¡Adiós!
No obstante su negativa, el músico y su hermana acompañaron
a Ceciliahasta la puerta de la casa en que vivía.
CAPÍTULO XVII
Y
al
punto
que
el
triunfo
creyera
posible
De lúcido acero se vio traspasar.
J. L. LUACES
Dijo José Dolores Pimienta que el baile de la gente de color
secelebraría en la casa de Soto. Ocupa la esquina occidental de
la callede Jesús María, en su encuentro con la calzada del
Monte, opuesta alCampo de Marte.
Precede al zaguán o entrada un ancho portal con barandilla de
madera.Desde éste, por las alterosas ventanas, enteramente
abiertas, pudo elpúblico, sin derecho a entrar, presenciar a su
 
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