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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

Cecilia, lejos de asustarse, ni de huir, con mucha risa se echó
enbrazos de la malhumorada y gruñidora abuela, y, como para
anudarle lalengua, le entregó cuanto le habían regalado las
señoritas donde habíaestado.
CAPÍTULO III
Malditas
viejas,
Que
a
las
mozas
malamente
Enloquecen con consejas.
ZORRILLA
Con más zalamería y astucia de las que cabían en una niña de
su edad,Cecilia abrazó y besó a su abuela, a la cual dio el
nombre de Chepilla(alteración caprichosa de Josefa), que así
generalmente la llamaban.Bastó eso para aplacar su enojo, y
nada hay en ello que extrañar,porque, según adelante veremos,
había sido tan infeliz aquella mujer,sentía tal necesidad de ser
amada por el único ser que la interesaba decerca en el mundo,
que mantener seriedad con la nieta, hubiera sido lomismo que
prolongar su propio martirio. Por supuesto que selló suslabios de
golpe, y no acertó a otra cosa que a contemplarla, bien asícomo
momentos antes había estado contemplando el dulce rostro de
MaríaSantísima, en fervorosa oración.
Mientras la niña estrechaba por la cintura a la vieja con sus
torneadosbrazos y recostaba la hermosa cabeza en su pecho,
semejante a la florque brota en un tronco seco y con sus hojas y
fragancia ostenta la vidajunto a la misma muerte, la figura de
seña Josefa se mostraba másextraña y fea de lo que era
naturalmente. Su rostro mismo formabacontraste con lo demás
del cuerpo. Ya fuese porque tenía la costumbre dellevarse el
cabello atrás, ya porque lo sacó de naturaleza, la verdad esque le
 
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