Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Cecilia Valdes o la Loma del Angel

caricias, a las lágrimas; laenferma se mostró insensible a todo,
no contestó palabra, no alzó lacabeza, no cambió la posición
acurrucada. Claro era que no había tenidoconciencia de la
escena de muerte que acababa de verificarse en una
camaopuesta a la suya, y, por supuesto, no dio señal alguna de
haberreconocido la voz familiar de seña Soledad, ni la
angustiosa de sudesconsolada madre.
En fin, se adelantaba el día y era preciso que seña Josefa
seapresurase a volver a su casa, donde había dejado sola a la
nieta. Dijo,pues, a la carrera a seña Soledad que el caballero que
las protegía aellas se proponía hacer el último esfuerzo para
curar a Charo, si es queaún tenía remedio, y que para ello la
llevaría al campo, cerca del mar,en donde respirase otro aire y se
bañase a menudo, bajo la vigilancia deun médico.
—Pues a ello, seña Josefa, y que para bien sea, dijo alegre la
madre.Lo que es aquí, está visto que esa pobre muchacha no
tiene cura. Además,es preciso sacarla o no hay modo de impedir
que se la lleven para lanueva casa en la Beneficencia. Todos
estos días atrás han andadorecogiendo pobres y locos por las
calles. Ayer se llevaron a DoloresSanta Cruz, tan alborotosa. Y
el Comisario Cantalapiedra ya me hanotificado la orden de
traslación de todas las locas en disposición demoverse.
Figurarse puede cualquiera cómo llevaría el corazón seña
Josefadespués de lo que había visto, escuchado y sentido en el
hospital de SanFrancisco de Paula.
CAPÍTULO XI
...Pero
si
el
vicio
mancha
su
limpieza
Vertiendo
en
ella
su
funesto
hielo,
 
Remove