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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

—¡Ea! Vayan Vds., con Dios y otra vez sean más prudentes. Y
a propósitode prudencia: ayer tarde vino a mí un joven
dependiente de una casa decomercio para quejarse de que a la
luz del día, en la plaza de SanFrancisco, le habían arrebatado un
saco de dinero de su principal. ¿Cabemayor imprudencia que la
de ir por la calle enseñando el dinero a todoel mundo y tentando
a la gente de mala índole? También se me quejó deque al
oscurecer del día de ayer, dos negros con puñal en mano
lepararon cerca de la estatua de Carlos III y le desvalijaron de
cuantollevaba encima de valor, el reloj, etcétera. Si Vd. hubiera
tenido untantico de prudencia, le dije, no se habría expuesto a
perder la vidaatravesando sitio tan solitario como ese del Paseo,
a la entrada de lanoche, hora que escoge la gente mala para
cometer sus fechorías. Aprendade mí que no salgo de noche a la
calle. Lo mismo digo a Vds.: no semetan en las garras de los
ingleses y salvarán sus expediciones, nicomprometan la honra
del Capitán General. La prudencia es la primera delas virtudes
en el mundo.
CAPÍTULO IX
En
ti
pensaba
y
en
aquel
instante
Me mandaba llorar naturaleza.
JOSÉ MARÍA HEREDIA
Personaje de más cuenta de lo que nadie puede imaginarse era
en casa deGamboa su Mayordomo don Melitón Reventos. Tenía
en el manejo generaleconómico más voz que su amo, y a las
veces se hombreaba en ese terrenocon doña Rosa.
Pero donde ejercía un poderoso imperio era entre los esclavos.
Corríacon su provisión de vestuario y de alimentos, tanto de los
del serviciodoméstico en La Habana, como de los de las fincas
 
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