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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

hallados con las modas francesas. Uribe tiene más gracia, si
nomás hábil tijera.
—No saques a Uribe, que es un sastre mulato de la calle de la
Muralla yno sabe jota de las modas de París ni de Londres, dijo
Carmen conmarcado desprecio.
—No piensa así la gente principal de La Habana, repuso
Leonardoprontamente. Los Montalvo, los Romero, los Valdés
Herrera de Guanajay,el Conde de la Reunión, Filomeno, el
Marqués Morales, Peñalver,Fernandina... no se visten con otro
sastre. Yo le prefiero a Federico.El, además, recibe los
periódicos de modas de París por todos lospaquetes[27] del Havre.
Tan entretenida conversación de los hermanos, la interrumpió
el caleseropresentándose con la cuarta engarzada en la muñeca
de la mano derechay el sombrero redondo en la izquierda, para
anunciar que el quitrínestaba listo a la puerta. Luego al punto las
dos hermanas menores fueronen busca de la mayor y de sus
características mantas y juntas rodearona la madre para pedirle
sus órdenes. Esta señora les hizo el encargo dealgunas compras
en las tiendas de lencería, o de ropa, y luego sedirigieron ellas
por el zaguán a la calle.
No ha de extrañar el lector forastero ver a tres señoritas de la
claseque podemos llamar media, salir a las calles de La Habana
sin dueña,padre, madre o hermano que las acompañase. Pero
con tal que no fueran apie ni a pagar visita de etiqueta, bien
podían dos, mucho más tresjóvenes, recorrer toda la ciudad,
hacer sus compras, picotear con losmozos españoles de las
tiendas y en las noches de retreta en la Plaza deArmas o en la
Alameda de Paula, recibir al estribo del carruaje elhomenaje de
sus amigos y la adoración de sus amantes. Eso sí, aún parahacer
 
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