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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

los que podían pasar, sin contradicción, por fieles copias delos
Canoso, los Tramoya y los don Rodrigo, matones, bravos
ylibertinos, cuya generación parece ser de todos los países y de
todaslas épocas.
Tampoco ha de achacarse a falta del autor si el cuadro no
ilustra, noescarmienta, no enseña deleitando. Lo más que me ha
sido dado hacer, esabstenerme de toda pintura impúdica o
grosera, falta en que era fácilincurrir, habida consideración a las
condiciones, al carácter y a laspasiones de la mayoría de los
actores de la novela; porque nunca hecreído que el escritor
público, en el afán de parecer fiel y exactopintor de las
costumbres, haya de olvidar que le merecen respeto lavirtud y la
modestia del lector.
Por lo demás, si la obra que ahora sale a luz completa, no
contienetodos los defectos de lenguaje y de estilo que sacó el
primer tomoimpreso en La Habana, si hay mayor corrección y
verdad en la pintura delos caracteres, si resultan eliminadas
ciertas escenas y frases deescasa o dudosa moralidad, si el tono
general de la composición es másuniforme y animado, en mucha
parte a los consejos de mi esposa, conquien he podido consultar
capítulo tras capítulo, a medida que los ibaconcluyendo.
C. Villaverde
Nueva York, mayo, 1879
PRIMERA PARTE
CAPÍTULO I
 
 
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