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Cecilia Valdes o la Loma del Angel

suexistencia bajo el triple punto de vista físico, moral y social,
antesque su muerte o su exaltación a la vida de los pueblos
libres, cambiaranenteramente los rasgos característicos de su
anterior fisonomía.
De suerte, que en ningún sentido puede decirse con verdad que
heempleado cuarenta años (período cursado de 1839 a la fecha)
en lacomposición de la novela. Cuando me resolví a concluirla,
habrá dos otres años, lo más que he podido hacer ha sido
despachar un capítulo, conmuchas interrupciones, cada quince
días, a veces cada mes, trabajandoalgunas horas entre semana y
todo el día los domingos.
Con esta manera de componer obras de imaginación, no es
fácil mantenerconstante el interés de la narrativa, ni siempre
animada y unida laacción, ni el estilo parejo y natural, ni el tono
templado y sostenidoque exigen las producciones del género
novelesco. Y tal es uno de losmotivos que me impelen a hablar
de la novela y de mí.
El otro es, que después de todo, me ha salido el cuadro tan
sombrío y decarácter tan trágico, que, cubano como soy hasta la
médula de los huesosy hombre de moralidad, siento una especie
de temor o vergüenzapresentarlo al público sin una palabra
explicativa de disculpa. Harto seme alcanza que los extraños,
dígase, las personas que no conozcan decerca las costumbres ni
la época de la historia de Cuba que he queridopintar, tal vez
crean que escogí los colores más oscuros y sobrecarguéde
sombras el cuadro por el mero placer de causar efecto a la
Rembrandt,o a la Gustavo Doré. Nada más distante de mi
mente. Me precio de ser,antes que otra cosa, escritor realista,
tomando esta palabra en elsentido artístico que se le da
modernamente.
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