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LAS EMOCIONES DE UN PERDIGON...ROJO
No ignoran ustedes que los perdigones andanen bandadas y anidan juntos en
el hueco de lossurcos, para alzar el vuelo a la alarma más
insignificante,desparramándose como los granosque arrojan a la tierra para que
produzcan. Miacompañamiento particular es alegre y numerosoy acampa en un
llano junto a la linde deun gran bosque, donde tenemos buen botín ymagníficos
refugios a uno y otro lado. Por eso,desde que sé correr, tengo buen plumaje y
estoybien alimentado, experimento la alegríadel vivir. Sin embargo, una cosa
teníame algointranquilo y era esa célebre conclusión de laveda, de que nuestras
madres hablan en vozbaja unas con otras. Un viejo de nuestra bandame decía
siempre acerca de esto:
—No temas, Rojillo—me llaman Rojillo acausa de mi pico y de mis patas,
del color dela serba,—no temas, Rojillo. Yo te protegeréel día de la apertura de
la caza, y estoy segurode que no ha de ocurrirte nada desagradable.
Es un macho viejo muy bribón y vivarachotodavía, aun cuando tiene ya
señalada la herraduraen el pecho y algunas plumas blancas esparcidaspor el
cuerpo. De joven recibió en unala un perdigón de plomo, y como esto le
hahecho ser un poco pesado, mira dos veces antesde volar, mide bien el tiempo
y sale delapuro. Con frecuencia me llevaba consigo hastala entrada del bosque.
Hay allí una rara casita,escondida entre los castaños, muda como
unamadriguera vacía y siempre cerrada.
—Mira bien esa casita, Rojillo—me decía elviejo;—cuando veas que sale
humo por la techumbrey están abiertas la puerta y las ventanas,mala señal para
nosotros.
Y yo me fiaba de él, sabiendo positivamenteque él era ducho en eso de las
aperturas de lacaza.
Efectivamente, la otra mañanita, al rayar elalba, oí que me llamaban muy
bajito dentrodel surco...
—Rojillo, Rojillo.
Era mi viejo macho. Miraba de una maneraextraña.
—Vente en seguida—me dijo,—y haz loque yo.
Lo seguí medio adormilado, deslizándome porentre los terrenos, sin volar,
sin saltar casi, comoun ratón.
Íbamos por el lado del bosque, y al pasarobservé que había humo en la
chimenea de lacasita, luz en las ventanas, y frente a la puerta,de par en par,
 

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