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Carlos Broschi

Y ambos amigos confundiéronse en un cariñoso abrazo, mientras el pueblorepetía,
aludiendo a los recién casados:
—«¡Qué felices son!»
EL REY DE OROS
EL REY DE OROS
——————
Sin preocuparse para nada de las parejas, ni de la magnificencia delsalón en que se
efectuaba el baile, las dos hablaban cerca de lachimenea. ¡Hablar en vez de bailar, a
los quince o diez y seis años!...Forzosamente, la conversación tenía que ser
interesantísima, y esta solaidea avivaba en mí el deseo de escucharla. Mal hecho;
pero, ¿a quién seha de permitir ser curioso, si no se le permite a un autor dramático?
Lacuriosidad, que en los demás es un defecto, en él constituye un deber.Debe
escuchar, aunque sólo sea por oficio. Por otra parte, ¡aquellas dosjóvenes eran tan
lindas, tan elegantes!... En su porte y en sus miradashabía tanta gracia y tanta
ingenuidad; estaban tan risueñas, y secuidaban tan poco del porvenir, que hacíase
imposible no pensar en el deellas. Una de las dos, rubia, hablaba con vehemencia y en
voz baja; laotra, de hermosos cabellos negros, escuchaba con los ojos bajos
ydeshojando el ramillete de níveas camelias que tenía en la mano.Indudablemente le
preguntaban y no quería responder. Transcurrido uninstante, dirigió a su compañera
sus ojos azules con una expresiónangelical, de los que exhalábase una mirada que
decía, sin duda alguna:
—Te juro que no te comprendo.
La contestación fue una carcajada, que traduje de esta manera:
—¿Sí? pues no te creo.
Tenía la seguridad, por mi parte, de que me estaba enterando de laconversación;
pero así y todo, hubiera querido, por muchas razones,escucharla desde más cerca. La
dueña de la casa me facilitó un medio,ofreciéndome un asiento para jugar al whist. No
soy muy fuerte en elwhist; lo juego bastante mal, y pierdo casi siempre, siendo causa
estoúltimo de que cada día le tenga más afición. Es una pasión desgraciada,o, lo que
es lo mismo, es una de las pasiones que duran. Esta vez, sinembargo, tuve suerte;
habían colocado la mesa del whist próxima a lachimenea, e hizo la fortuna que mi
butaca estuviese a espaldas de las demis lindas habladoras, que no fijaron su atención
en nosotros. Paraellas, y a sus años, un baile se compone de muchachas,
aderezos,adornos, polquistas y galanes: los jugadores de whist no son tenidos
encuenta... no existen; son cuatro asientos vacíos en un salón.
 
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