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Carlos Broschi

Transcurrieron tres meses. Al cabo de este tiempo, cuando Fernando seatrevió a
hablar de matrimonio a su prometida, ésta le contestó:
—No quiero casarme... Deseo entrar en un convento.
Y a todas las instancias que Fernando le hacía, replicaba ella:
—Conozco las brillantes cualidades que te adornan... Conozco tusvirtudes... Pero
no deseo el matrimonio; sólo puedo encontrar mi dichaen la soledad del claustro.
Buscando el modo de triunfar de la obstinación de Isabel, Fernando quisoir a
Madrid en busca de Carlos y del cardenal Bibbiena, en la seguridadde que sólo ellos
podrían vencerla.
XIII
Tenía ya Fernando decidida su marcha, cuando tropezó con un nuevoobstáculo que
hacía inútil su viaje. El duque de Carvajal, su padre,hízole saber su resolución de no
consentir su matrimonio con Isabel.
—¿Y por qué razón, padre mío?—exclamó afligido Fernando.
—Conoces, tan bien como yo, los motivos que tengo para ello. Un hombrede
Estado sólo abriga un pensamiento, sólo persigue un objeto; un nobleespañol no tiene
más que su palabra. Mi objeto es que, en defecto de losaltos puestos y dignidades de
que injustamente nos han despojado,nuestra casa sea notable, al menos, por sus
grandes riquezas, y yoconsentía en tu unión con la sobrina del duque de Arcos con la
condiciónde que su hermana Juanita no se casaría y le dejaría toda su fortuna.
—Juanita ha legado, al morir, a su hermana todos los bienes de que ellapodía
disponer; todos los que poseía en el reino de Nápoles, que son demucha
consideración.
—Es probable que así sea, pues no los conozco; sólo sé lo que valen elpalacio y los
jardines de la Alhambra que había comprado en la ciudad;los inmensos dominios y las
ricas granjas que había adquirido en laprovincia de Granada, y en la de Valencia.
—Todo eso, padre mío, pertenecía y pertenece aún a su esposo.
—¡Casarse un cuarto de hora antes de morir!... ¡No podía esperar yosemejante
cosa!
—¡Un hombre a quien amaba! ¡una unión que la hacía dichosa!
—No se trata de eso; cuando se ha dado una palabra; cuando se tiene unahermana a
quien casar... Además, enlazarse con un hombre obscuro... unCarlos Broschi, a quien
nadie conoce...
 
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