Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Carlos Broschi

pronunció algunas palabras en voz baja. Un rayo dealegría brilló en los ojos de
Juanita.
—¡Ingrato—le dijo;—sólo en este instante has tenido confianza en tuamiga!
¿Dudabas de su amor y has olvidado los días dichosos que pasamosjuntos en las
playas de Sorrento?...
Juanita se detuvo al ver aproximarse a Fernando seguido del cardenalBibbiena.
—Teobaldo—le dijo;—lo sé todo; acusaba a usted de injusto y deriguroso, cuando
no hacía otra cosa que cumplir dignamente los severosdeberes de una santa amistad.
Perdóneme, amigo mío...
Y Juanita le tendió la mano. Hubo entonces un momento en que aquelprelado, de
fisonomía impasible, de facciones duras y severas, no pudocontener su emoción, y
asomaron a sus ojos abundantes lágrimas.
—Usted vivirá—exclamó;—vivirá, Juanita, para la dicha de sus amigos.
—¡No, siento aproximarse el instante fatal! Por esto le he hecho venir.
Y le miró con la misma ternura que había mirado a Carlos.
—Compañeros de mis primeros días, he querido que también lo fuesenustedes de
mis últimos momentos, para que mi vida se extinga tandulcemente como empezó; y
ahora que lo sé todo, no se opondrá usted abendecir nuestro enlace... ¡Qué muera
siendo suya! ¡Qué en mi horasuprema deba a usted esa dicha, la esperanza y la dicha
de toda mi vida!
Teobaldo, enternecido, cruzó sus manos sobre el pecho, y, elevando susojos al
cielo, dejó ver tal emoción en su rostro, que inspiraba la másprofunda piedad.
Veíasele tierno y desesperado a la vez.
Asió, temblando, la mano de Carlos, la unió a la pálida y desfallecidade Juanita; y
luego, con voz firme pronunció las palabras sagradas yllamó sobre ellos la bendición
de Dios. La pálida y moribunda desposadavolvió hacia el prelado sus ojos, en los que
se reflejaba la gratitudmás sincera; después estrechó a Carlos contra su pecho... y
como sihubiese esperado su último beso, con la mano le mostró el cielo,diciéndole:
—¡Amado mío... mi esposo! ¡voy a esperarte!...
Al concluir de pronunciar estas palabras, dejó de existir.
Los dos amigos se abrazaron llorando; ambos cayeron de rodillas al piedel lecho, y
allí permanecieron toda la noche, rogando a Dios por la quehabía abandonado la
morada de los vivos.
Remove