Not a member?     Existing members login below:

Carlos Broschi

»Me quedé sola, pues, en aquella casa que tan bella me había parecidosiempre y
cuya soledad me causaba, a la sazón, una profunda tristeza;los primeros meses de mi
viudez los pasé sin recibir noticia alguna demis amigos; ¿a que se debía este silencio
de su parte? Lo ignoraba.
»Me vi atacada entonces de una enfermedad cuyos primeros síntomas habíasentido
hacía largo tiempo, y que daba entonces bastante cuidado a laspersonas que me
rodeaban; en cuanto a mí, no fijaba mi atención en ella,porque mi pensamiento estaba
muy distante de mi persona.
»Por último, cierto día recibí una carta cuya letra me hizo estremecer:¡era de
Carlos!
»Decíame en ella que Teobaldo le había aconsejado que no me escribiese;pero que,
al saber que yo estaba enferma, no había podido resistir aldeseo de comunicarme sus
sentimientos.
»El clima de Inglaterra, decía, no le conviene, aumenta suspadecimientos, necesita
usted un clima más templado, más dulce, el bellosol de Nápoles, el aire de nuestra
querida patria. Váyase, no alcastillo del duque de Arcos, donde encontraría recuerdos
demasiadotristes; pero sí a Sorrento, a la orilla del mar, a esa risueña villaque le
pertenece y donde la amistad le aguarda.
—»¡Ah!—exclamé.—Has olvidado que todo lo he perdido, que nada mepertenece
ya, ni aun el aire de mi país, donde fui reducida a prisión, ydel que me vi desterrada...
»Pero, ¡cuál fue mi sorpresa cuando encontré unido a esta carta undecreto del Rey
en que me devolvía la facultad de regresar a mi patria ylos bienes de mi familia!
»No estaba ya desterrada, era rica y dichosa, y más dichosa aun pordeber toda mi
felicidad al amigo de mi infancia! ¡Ah! ¡cuán grande es lagratitud, y cuán dulce hace
las personas que amamos, y con quésatisfacción recibimos el beneficio que nos obliga
a amar más todavía!
»Pocos días después abandoné Inglaterra y me embarqué sufriendo mucho, acausa
de mi soledad. ¡Sola! no; llevaba conmigo mis pensamientos, yotros más halagüeños
y más dulces me esperaban; iba a ver de nuevo labella Italia que había creído dejar
para siempre! Había salido esclavade aquel país, y volvía libre... ¡libre! ¡Ah! en la
situación en que meencontraba, ¡qué de recuerdos se agolpaban a mi imaginación
alpronunciar aquella sola palabra! ¡Vanas ilusiones acaso, pero que laimaginación no
podía desterrar! ¡Esperanzas insensatas nacidas en elcorazón, y que constantemente
nos hacen volver la vista hacia nuestraquerida patria!
»Pisé, al fin, las playas de Sorrento; veía aquella deliciosa campiñaque había
pertenecido al duque de Arcos y que nunca había habitado.Carlos me aguardaba; yo
Remove