Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
—»Está visto; nuestro amigo no existe.
»Ambos le lloramos, y en las calles de árboles del parque donde solíamossentarnos
los tres en tiempos más felices, colocamos unas piedras enforma de monumento
fúnebre, misterioso como su suerte; no inscribimosnombre alguno, ninguna
inscripción; y junto a esta tumba sin despojos,pero animada por nuestros recuerdos,
nos reuníamos todas las tardes parahablar de él, para rogar por él y pedir a la
Providencia que pusiese fina nuestro dolor y a su ausencia.
»Viví de este modo, cerca de un esposo de pasiones brutales y coléricas,pero cuyo
corazón era menos malo de lo que yo creí en un principio.Todos sus defectos
provenían de una educación descuidada. Un amor propioexcesivo y un orgullo sin
límites eran la consecuencia de su absolutaignorancia; y cuando, con una habilidad y
una paciencia infinitas,Teobaldo le hizo comprender poco a poco lo mucho que
ignoraba, empezópor confiar menos en sí mismo y más en nosotros. Por mi parte me
dediquéa moderar su carácter impetuoso, aunque, con frecuencia, mi dulzura
nolograba desarmarle.
»A causa de las escenas violentas a que se entregaba, me compadecíannuestros
vecinos. Admiraban mi resignación, que no se debía,seguramente, a la indiferencia.
Era demasiado desgraciada para ocuparmede ciertas pequeñeces.
»La tristeza de Teobaldo aumentaba de día en día. La vista del castillole apenaba
profundamente; el aire que respiraba alteraba su salud, y, ano verme sufrir tanto, se
hubiese retirado de nuestra morada desde hacíamucho tiempo. Sombrío y taciturno,
huía de toda distracción y aun delestudio; entregado a la religión, pasaba día y noche
al pie del altar.En los alrededores era tenido por un santo, y hasta mi marido
respetabasu virtud.
»Hacía algunos meses que el conde de Pópoli visitaba con frecuencia alos señores
de las cercanías, o los recibía en nuestra casa, dondetenían conferencias secretas. En
fin, con gran sorpresa mía, llegué aobservar que ya no se dedicaba solamente a la
caza. Con frecuencia medaba a traducir o escribir cartas para algunos señores de
Alemania;estas cartas eran insignificantes en apariencia; pero tenían un
sentidodiferente y misterioso que deseaba conocer, y que no tardé en adivinar.
»El conde de Pópoli parecía satisfecho de sus proyectos; pero, a pesarde esto, en
algunos momentos violentábase para aparecer con un aspectotranquilo, y, en
ocasiones, surcaban su frente imperceptibles arrugas.Contra su costumbre, parecía
preocupado por una idea y semejábase a unhombre sumido en profundas
meditaciones. Hice notar mis observaciones aTeobaldo, que me trató de visionaria y
no quiso darme crédito.
»No obstante, cierto día entró en mi habitación con aire agitado.

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.