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Carlos Broschi

—»¿Y quién se atreverá a arrostrar la venganza de mi tío, de mifamilia? ¿Quién nos
desposará?
—»¡Yo!—repuso Teobaldo.
»No encontrando expresiones con que manifestarle mi gratitud, me arrojéen sus
brazos.
—»¿De dónde proviene esa sorpresa?—continuó:—¿no le tengo dicho hacealgunos
años que no sería en balde la protección que me dispensaba?
»No teníamos tiempo que perder. A la mañana siguiente debía celebrarsemi
matrimonio con el conde de Pópoli, y decidimos que aquella mismanoche Carlos y yo
iríamos a la capilla del castillo por caminosdiferentes; que Teobaldo bendeciría
nuestra unión, y una vez efectuadonuestro enlace, nos resignaríamos a sufrir la cólera
del duque de Arcos,que podría sumirnos en una prisión, arrojarnos del castillo
ydesheredarnos, pero no romper nuestra unión!
»Después de la comida nos trasladamos al salón, cuyas puertas vidrierasdaban al
parque; el conde de Pópoli, sentado cerca de mí, mostrábase tangalante como se lo
permitían sus costumbres de cazador.
»Carlos entró, y en su alegre mirada, llena de dulzura, conocí queTeobaldo le había
prevenido. Acababa de despedirse de mi tío, pues debíamarchar a una granja a la
mañana siguiente. Pasó por delante del Conde,a quien saludó fríamente, y
aproximándose a mí para despedirse, tomó mimano, que llevó respetuosamente a sus
labios. Yo le dije en voz baja:
—»Esta noche a las doce.
—»¡A las doce!—repitió estrechando mi mano y dirigiéndome una miradallena de
reconocimiento y de ternura.
»En aquel instante le avisaron que un hombre mal vestido deseabahablarle y le
esperaba en el parque.
»Algunos momentos después, desde las ventanas del salón los vi pasar poruna calle
de árboles de las más lejanas. No pude distinguir el rostrodel extranjero, cuyo porte
no me pareció completamente desconocido,agolpándose a mi imaginación ideas y
recuerdos confusos.
»Hablaban ambos acaloradamente, y en las gesticulaciones de Carlos, ensu paso
incierto y vacilante, notaba una agitación y una inquietud queno podía explicarme, y
de la que participé cuando pasó una gran parte dela noche sin verle aparecer en el
salón; pero bien pronto, me decía yomirando el reloj, bien pronto sabré lo que
significa esa visitaimprevista.
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