Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Carlos Broschi

La Condesa continuó su relato, al día siguiente, en estos términos:
»Mi tío había salido del aposento; Teobaldo y yo nos mirábamos aúnasombrados
del suceso, sin que pudiéramos darnos cuenta de una aventuraque creíamos
sobrenatural; porque excepto mi preceptor, que acababa dellegar, nadie entendía el
alemán en el castillo, incluyéndome a mí, quehacía un año lo estaba aprendiendo.
»Carlos permanecía de pie en un rincón del salón y nos miraba sonriendo;de pronto,
dirigiéndose a Teobaldo, dijo:
—»Y bien, querido maestro: ¿no adivina usted que pueda haber aquí otrodiscípulo,
que le debe la dicha de haber sido útil a su bienhechora?
»Teobaldo quedó estupefacto, porque esta frase acababa de serpronunciada en el
más puro alemán. Yo no pude menos de exclamar:
—»¿Cómo, Carlos, esa traducción es de usted? ¿Dónde, pues, haaprendido?
—»Lo que usted no ha querido estudiar, lo he estudiado yo—nos dijo.
»En efecto, hacía tres años que Carlos asistía asidua y silenciosamentea todas mis
lecciones, y las había aprovechado mucho más que yo. Cuandoestaba solo y
entregado a sí mismo; cuando habían pasado las dosterceras partes del día, empleaba
en estudiar los momentos que yoconsideraba perdidos en la ociosidad.
»Teniendo entrada a todas horas en mi gabinete de estudio, del queestaba
encargado, servíase de mis libros y de mis cuadernos; suaplicación y su constancia le
habían hecho un joven mucho más instruidode lo que podía pedirse a sus años.
»El joven, el paje, a quien todos despreciaban en la casa, poseíaperfectamente
nuestra lengua y varios idiomas extranjeros; conocía lahistoria y la geografía. No
había olvidado la música; y apenas había yosalido, se sentaba al clavicordio; algunas
veces, me acuerdoperfectamente, creí, oyendo los sonidos lejanos, que mi maestro se
habíaquedado tocando y que ensayaba todavía.
»Fácilmente comprenderán ustedes, queridos amigos, que después de
estedescubrimiento, Carlos no tuvo necesidad de ocultarse. Estudiaba connosotros, en
mi compañía. Este acontecimiento había excitado miemulación, y encontré desde
entonces en el estudio un placer que habíaignorado hasta entonces.
»Teobaldo sentíase orgulloso de nuestros progresos, de los de Carlossobre todo,
porque su precoz inteligencia concebía con una facilidadasombrosa las cuestiones
más difíciles y abstractas. Reunía a unamemoria feliz, una concepción rápida, una
imaginación ardiente y unossentimientos nobles y elevados que no nacían en la
imaginación, sino enel corazón. Tales eran las cualidades que brillaban en él de una
maneranotable.
Remove