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Carlos Broschi

—»¡Usted, señora! ¡No estoy suficientemente recompensado!...
»A partir de este día, Carlos fue mi protegido, mi favorito, mi más fielservidor.
Nunca afecto alguno fue tan ampliamente recompensado. Su únicaocupación era
adivinar mis pensamientos para adelantarse a mis órdenes,para satisfacer mis
caprichos.
»El día en que ocurrió aquella escena, Teobaldo quiso retirarse denuestro servicio;
pero mi tío, que tenía necesidad de él (porque a lasazón sostenía correspondencia con
algunos príncipes alemanes), le mandóimperiosamente que se quedase; y Teobaldo,
despreciando sus órdenes,preparábase a dejarnos: afligida por su pérdida, le supliqué
quepermaneciera con nosotros.
—»¡Ah!—le dije llorando;—¡ya no me queda ningún amigo!
»Teobaldo se quedó.
»Severo y brusco para todo el mundo, Teobaldo tenía para mí una dulzuray bondad
infinitas. Aunque las funciones de preceptor tienen algo deenfadosas, nada podía
agotar su paciencia, ni aun las rudas pruebas aque le sujetaba mi estudio de las
lenguas extranjeras.
»Yo aprendía el francés con alguna facilidad; pero el alemán, aunque erael especial
cuidado de mi tío, me disgustaba sobremanera y tenía queviolentarme, y ni aun así
lograba retener en mi memoria una sola palabrade aquel idioma, que yo calificaba de
bárbaro. Por último, rogué aTeobaldo que cesasen las lecciones, consintiendo él en
ello, pero acondición de que se lo advertiría a mi tío. Lo prometí, pues, pero no
meatreví a cumplir mi promesa.
»Una o dos veces me encontré a solas con el Duque, que me preguntaba:
—»¿Vas comprendiendo la lengua alemana?
»Acordábame entonces que mi tío no comprendía una palabra de ella;
estaconvicción me daba un gran valor, y contestaba brevemente y en tonoresuelto:
—»Sí, mi querido tío; la comprendo perfectamente.
»Pero he aquí que durante una pequeña temporada que Teobaldo estuvoausente del
castillo (había ido a ver a su madre que estaba bastanteenferma), recibió mi tío una
carta del margrave de Anspach, cartaconfidencial, tres grandes páginas del alemán
más difícil.
—»Veamos lo que contiene—me dijo;—léemela.
»Fácilmente se imaginarán ustedes cuál sería mi situación... No encontréotra excusa
que darle, sino que era demasiado larga.
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