Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Cádiz

—Ya. Acaban de decir que quedan enterados.
—Nosotros también. Tanto ruido para nada.
—Silencio, señores, que vamos a oír un discurso.
—¡Un discurso! Oigamos. ¡Qué ruido en los palcos!
Si no calla el público, el presidente mandará bajar el telón.
—¿Es aquel clérigo que está allí enfrente quien va a hablar?
—Se ha levantado, se arregla el solideo, echa atrás la capa.
¿Le conoceusted?
—Yo no.
—Ni yo. Oigamos qué dice.
—Dice que sería prudente adoptar una serie de proposiciones
que tieneescritas en un papelito.
—Bueno: léanos usted ese papelito, señor cura.
—Parece que hablará primero.
—¿Pero quién es?
—Parece un santo varón.
En los palcos inmediatos corría de boca en boca un nombre
que llegóhasta el nuestro. El orador era D. Diego Muñoz
Torrero.
Señores oyentes o lectores, estas orejas mías oyeron el primer
discursoque se pronunció en asambleas españolas en el siglo
XIX. Aún retumba enmi entendimiento aquel preludio, aquella
voz inicial de nuestras gloriasparlamentarias, emitida por un
clérigo sencillo y apacible, de ánimosereno, talento claro,
Remove