—También veo la cara seráfica de Agustinito Argüelles. Dicen
que estepredica muy bien. ¿Ve usted a Borrull? Cuentan que
este no quiereCortes. Pero empiece de una vez la función ¡qué
pesados son!
—Aquí como no se paga la entrada, no hay derecho a
impacientarse.
—Ya está dispuesta la presidencia. ¿Tocarán un pito para
empezar?
—Yo tengo una curiosidad por oír lo que digan...
—Será un disputar graciosísimo—dijo Amaranta—porque
cada cual pediráesto y lo otro y lo de más allá.
—Conque salga uno diciendo: «Yo quiero tal cosa», y otro
responda:«Pues no me da la gana», se animará esta desabrida
reunión.
—¡Cuándo las habrán visto más gordas! Será gracioso oír a los
clérigosgritar: «Fuera los filósofos», y a los seglares: «Fuera los
curas». Veocon sorpresa que el presidente no tiene látigo.
—Es que guardarán las formas, amiga mía.
—¿En dónde han aprendido ellos a guardar formas?
—Silencio, que va a hablar un diputado.
—¿Qué dirá? Nadie lo entiende.
—En el escenario hay uno que lee.
—Se levantarán algunos de sus asientos.
