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Cádiz

—Y disculpaba a lord Gray... Se me figura que quieren hacer
justicia entu persona sin molestar para nada al señor milord.
Ándate con cuidado,pues se le ha puesto en la cabeza que tú eres
cómplice del malditoinglés y le ayudaste en esta gran bribonada
que nos ha hecho.
—¿Ha visto usted a lord Gray?-le pregunté—. ¿Dónde se le
podráencontrar?
—Ahora mismo me han dicho que le acaban de ver paseando
solo por lamuralla. ¡Maldito inglés! Las pagará todas juntas...
Hace poco laInesita me llamó vil y cobarde por dejar sin castigo
esto de anoche, yaseguraba que si ella fuera hombre... estaba
furiosa la niña. Porsupuesto, yo pienso buscar a lord Gray, y
cuando le vea le he de decir«so tunante...», pues... conque
márchate... tú también eres buena pieza.Adiós.
No me podía detener a contestar sus majaderías, porque un
pensamientofijo me atormentaba, y dirigida mi voluntad a un
punto invariable conarrebatadora fuerza; nada podía apartarme
de aquella corriente por dondese precipitaba impetuosamente
todo mi ser.
Un cuarto de hora después tropezaba en la muralla, frente al
Carmen, conlord Gray, el cual, deteniendo la velocidad de su
paso, me habló así:
—¡Oh, Sr. de Araceli... gracias a Dios que viene alguien a
hacermecompañía!... He dado siete vueltas a Cádiz corriendo
 
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