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Cádiz

—¿Quién?
—El gobernador. Esta noche todas las ovejas descarriadas
vuelven alredil... Vengo de allá... si vieras. La condesa ha
llorado mucho y se hapuesto de rodillas delante de
Villavicencio; pero no pudo conseguirnada. La ley y siempre la
ley. Si es lo que yo digo: la ley... Porsupuesto, chico, no puedo
negarte que me dio lástima de la pobrecondesa. Lloraba tanto...
Inés estaba más serena y se conformaba.Aguárdate y la verás
llegar. Sin embargo, más vale que no parezcas en tuvida por
aquí. Villavicencio quiso averiguar el cómo y cuándo de la
fugade Inés, y allá le dijeron que la sacaste tú de la casa. Te
andabuscando porque no te conoce. Dice que eres cómplice de
lord Gray y elverdadero criminal. Calumnia, pura calumnia;
pero no te metas envindicar tu honra mancillada y echa a correr,
que Villavicencio tienemalas pulgas, y aunque te escuda el fuero
militar... Conque en marcha yno vuelvas a Cádiz en tres meses.
—Pues sí; yo fui quien la sacó de casa.
—¡Tú!-exclamó con tanto asombro como cólera—. Ya no me
acordaba queeres servidor de mi famosa parienta la condesa.
¿Conque la sacaste tú?
—Y la volveré a sacar.
—Tú bromeas... no pienses que me apuro mucho... ¿Crees que
insisto encasarme con ella?... Pues ahora de mejores veras debes
poner los pies enpolvorosa, porque voy a contarle a mamá tu
hazaña... Francamente, yocreí que era una calumnia. Ahora me
explico el furor de Villavicenciocontra ti. ¿Pues no dice que tú
eres el autor de todo y que es precisosentarte la mano?
—¿A mí?
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