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Cádiz

bullicioso rumor de aquel herviderode chistes. Pero eran
contadas las desgracias. Una bomba mató a uninglés, y estuvo a
punto de ser víctima de otra en los mismos brazos desu nodriza
D. Dionisio Alcalá Galiano, hijo de D. Antonio. Fuera deestos
casos y otros que no recuerdo, los efectos de la artilleríaenemiga
eran risibles. Un proyectil penetró en cierta iglesia,arrancando
las narices a un ángel de madera que sostenía la lámpara;otro
destrozó el lecho de un fraile de San Juan de Dios
queafortunadamente se hallaba fuera en el instante crítico.
Cuando, después de ausencia tan larga, fui a visitar a
Amaranta, laencontré desesperada, porque el aislamiento de Inés
en la casa de lacalle de la Amargura, había tomado el carácter de
una esclavitudhorrorosa. Cerrada la puerta a los extraños con
rigor inquisitorial, eralocura aspirar ya a burlar vigilancias, y
engañar suspicacias y menos aromper la fatal clausura. La
desgraciada condesa me expresó con estaspalabras sus
pensamientos:
—Gabriel, no puedo vivir más tiempo en esta triste soledad.
La ausenciade lo que más amo en el mundo, y más que su
ausencia, la consideraciónde su desgracia, me causan un dolor
inmenso. Estoy decidida a intentar,por cualquier medio, una
entrevista con mi hija, en la cual, revelándolelo que ignora,
espero conseguir que ella misma rompa espontáneamente
loshierros de su esclavitud y se decida a vivir, a huir conmigo.
No mequeda ya más recurso que el de la violencia. Yo esperé
que tú mesirvieras en este negocio; pero con la necedad de tus
celos no has hechonada. ¿No sabes cuál es mi proyecto ahora?
Confiarme a lord Gray,revelarle todo, suplicándole que me
facilite lo que tanto deseo. Eseinglés tiene una audacia sin
límites, en nada repara y será capaz detraerme aquí la casa
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