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Cádiz

pellizcos y alfilerazos. Presentación propusoa las otras dos
arrojar a D. Paco al mar, y después le quitaron elsombrero para
guardarlo en rehenes y privarle de tan útil prenda, si nolas
llevaba al Congreso Nacional.
»Una de ellas tenía una papeleta de tribuna, que sin duda algún
galántravieso le dio con el fin que puede suponerse. Antes los
galanes,cuando no podían comunicarse con sus amadas, las
citaban en lasiglesias, donde la religiosa oscuridad protegía el
trasiego de lascartitas, el apretón de manos u otro desahogo de
peor especie, mientraslos padres embobados contemplaban las
llamaradas del cuadro de Ánimasdel Purgatorio. Hoy cuando no
puede haber reja ni correo, los amantes sesuelen citar en la
tribuna de las Cortes. Es esta una invencióndonosísima, ¿no es
verdad, lord Gray? Sin duda está muy en boga en
losparlamentos de Inglaterra, y ahora nos la introducen en
España paramejoramiento de las costumbres.
Lord Gray, que había puesto atención a lo que doña Flora nos
contaba,repuso con malicia:
—Señora mía, deme usted licencia para retirarme, porque
tengo unaocupación, un quehacer imprescindible no lejos de
aquí.
—Sí, vaya usted, vaya usted. Ahora deben estar en la
discusión de losseñoríos jurisdiccionales. Mucho ruido, mucho
barullo en las tribunas.Usted entrará en la de los diplomáticos,
que está mano a mano con la deseñoras. Corra usted, adiós.
Dejome lord Gray en las garras de doña Flora, la cual continuó
así:
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