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Cádiz

—Tampoco.
—Pues vengan esos cinco mandamientos.
—Allá van, y vivan las Cortes y viva miloro.
—Para cortar la cuestión—dijo lord Gray—yo pagaré a todo el
mundo.Poenco, sírvenos.
Las majas que allí había obsequiaron a lord Gray con sonrisas
y dichosgraciosos; pero el inglés no tenía humor de bromas.
—¿Ha venido María de las Nieves?-preguntó a una.
—Pesaíto está con María de las Nieves. ¿Nosotras somos
aljofifas?
—Si miloro va esta noche a mi casa—dijo en voz baja otra,
que era, sino me engaño, Pepa Higadillos—verá lo bueno. Mi
marío ha ido a comprarburros, y me divierto pa matar la soleá.
—A donde irá miloro esta noche es a mi casa—indicó otra que
era yamatrona—. A mi casa va toda la sal del mundo, y si
miloro quiere ponerun par de pesetas a un caballo, no tengo
comeniente... Mi casa es muyprincipal...
Lord Gray se apartó con hastío de aquella gente, y entramos en
uncuarto, donde el tabernero recibía tan sólo a cierta clase de
personas,y la mesa junto a la cual nos sentamos viose al punto
cubierta del ricotributo de aquellas viñas costaneras, que no
tuvieron ni tienen igual enel mundo.
 
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