Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Cádiz

Se quedaron muertas, petrificadas; pero con presteza
extraordinaria lastres empezaron a ordenar los objetos, para que
cada cosa estuviese en susitio. Arreglaron el altar
atropelladamente; despojose la una de losatavíos que se había
puesto; compuso la otra su vestido en desorden;pero por más
prisa que se daban, tales eran la confusión y
desconciertoproducidos allí por la anarquía, que no había medio
de volverlo todo asu primitivo estado. D. Diego me dijo, al ver
que las muchachas iban aser sorprendidas antes de poder borrar
las huellas de su rebelión:
—Amigo, huyamos.
—¿A dónde?
—A la Patagonia, a las Antípodas. ¿Tú no adivinas lo que va a
pasaraquí?
—Quedémonos, amigo, y tal vez hagamos una buena obra
defendiendo aestas infelices, si el preceptor las delata.
—¿Viste que pasó un hombre y arrojó dentro un billete?
—Era lord Gray. Veamos en qué para esto.
—Pero mi madre viene; y si te ve aquí en acecho...
Ni esta consideración me hizo apartar de la estancia que nos
servía deobservatorio; pero afortunadamente doña María no
entró por allí, ypasando primero a su alcoba, penetró por esta a
la funesta habitacióndonde ocurriera el sainete que iba a
terminar en tragedia. Nosotros nospusimos en disposición de
 
Remove