fatídico día, aquella salud y enorme fuerza parecieron
declinarvisiblemente, y entrada ya la estación de las lluvias,
cuando lashojillas de hierba comenzaron a asomar por entre el
pedregoso montículoque cubría la tumba de Tennessee, se dejó
vencer por la enfermedad.
Aquella noche, los pinos que rodeaban la cabaña, sacudidos
por latempestad, arrastraban sus esbeltas ramas por encima del
techo, y a lolejos se oían el rugido y los embates de la impetuosa
corriente del río.El socio de Tennessee se incorporó y dijo:
—Ya es hora, voy en busca de Tennessee; engancharé el
carrito.
Y se hubiera levantado de la cama a no habérselo impedido su
criada. Sinembargo, haciendo extraños movimientos, continuó
en su singular delirio:
—¡Ven acá, borriquita! ¡So, so! ¡quieta! ¡Qué oscuro está!
Alerta conlos baches, y cuida también de él, vieja. Ya sabes que
a veces, cuandoestá borracho, rueda como un tronco hasta la
cuneta. Corre, pues, enderechura hasta el pino de allá arriba, en
la colina. Bueno... ¡no lodije!... ¡ahí está!... ya viene... solo...
sereno... ¡Cómo brillan susojos! ¡Tennessee!
Y así fue a su encuentro...
En el año 1852, vino con nosotros a California, a bordo
delSkiscraper, un individuo llamado Fag, David Fag. Opino que
