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Belarmino y Apolonio

Liberador, dondeSócrates, con palabra ligera y gesto sonriente, parteaba, como avezadacomadrona, el
alumbramiento de las ideas; al huerto umbrátil de Academo,donde Platón, de hombros anchos y labios
melifluos, empollaba en lasalmas jóvenes los alados anhelos con que volasen de lo sensible a
loabsoluto; en el Liceo, donde el seco Estagirita desmontaba en piezas lamáquina del mundo, y
mostraba sus relaciones, ensambladuras y modo defuncionar. En la Edad Media, los silos del saber de
entonces y de lopoco que de la antigüedad aún quedaba fueron los monasterios. Luego, laciencia se
acogió a las universidades. En nuestros días, la mejoruniversidad, el verdadero convento, el más
cumplido liceo, el máspoblado huerto de Academo, y el más genuino trasunto del pórtico deJúpiter
Liberador y del clásico mercado, todo esto es, amigo mío, lacasa de huéspedes española,
señaladamente la madrileña. La Naturaleza esun libro, ciertamente; pero es un libro hermético. La casa
de huéspedeses un libro abierto. No se necesita sino saber leer, que es bien pocacosa. Ahora, que para
morar de por vida en casas de huéspedes, como paraprofesar en una orden religiosa, necesítase
asimismo una cualidad rara,aunque no tan rara entre españoles: vocación ascética. En las casas
dehuéspedes no cabe dar pábulo ni satisfacción a ningún linaje devoluptuosidad o apetencia de la carne
mortal. El español tiene la pieltan recia, las entrañas tan enjutas y los sentidos tan mansuetos, que esya
asceta innato y por predestinación; ninguna aspereza le mortifica yapenas si hay placer sensual que
apetezca, como no sea el genésico, yése en su forma más simple y plena, el cual así considerado,
aunque elvulgo ibérico lo denomine amor, y hasta el gran Lope de Vega escribióque no hay otro amor
que éste que por voluntad de natura se sacia con elayuntamiento de los que se desean, no es sino
instinto y servidumbre,común a hombres y bestias, con que cumplimos en la propagación de laespecie;
en tanto el hombre, en sus placeres exclusivos, selecciona pordiscernimiento, que no por instinto, el
objeto o propósito hacia dondese encamina, y perfecciona por educación los medios de alcanzarlo y
elarte de gustarlo. Un placer humano, aunque de la más baja jerarquía, esel de la mesa. Los animales
comen el alimento en crudo. El hombre hacepasar el alimento por la cocina; lo condimenta, lo sazona,
le infundesabores varios y sutiles. El buey come hierba ahora como en la edad depiedra, y la rumia
como entonces, sin haberle añadido complicaciones nigustos nuevos. En cambio, la ciencia y el arte
culinarios son evolutivosy perfectibles; en Maxim, de París, no se come como se comía en lascavernas.
Sí, amigo mío; el español es asceta
a nativitate
. Por eso enEspaña hay incontable número de conventos y casas de huéspedes, en loscuales se
perpetúan bodrios y condumios cavernarios, cuando no se apencacon el alimento en crudo. Cierta vez
me propuse acometer unainvestigación científica de sociología comparada, y aun de
etnografía,tomando como tema y punto de arranque las casas de huéspedes en España yen las naciones
extranjeras. Después de prolijas experiencias yestudios, llegué a este resultado inconcuso: la casa de
huéspedes esuna institución típicamente española, algo así como la lidia de resesbravas en coso, el
cocido y el cultivo de las verrugas pilosas con finesestéticos. Entre el
boarding-house
inglés, la
pension de famille
,francesa o suiza, la
pensione
italiana, la
pensionshaus
alemana y lacasa de huéspedes madrileña, hay tanta semejanza como entre el Támesis,el Sena o el
Tíber, de una parte, y de otra el Manzanares; y en esteparangón le corresponde el papel de Tíber, Sena
o Támesis a la casa dehuéspedes, claro está. El
boarding-house
inglés es un pequeño museo defiguras de cera, un número del
Punch
, un breve repertorio decaricaturas, ya que los britanos, casi sin excepción, condúcensesocialmente con
fría y cómica simplicidad y rehuyen efusiones eintimidades. La pensión suiza, una cantina de estación;
todos están depaso y ausentes entre sí. La
pensione
italiana, alhóndiga deinterjecciones y de lugares comunes artísticos («¿han visto ustedes ya
La Primavera
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