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Bajo las Ramas del Muérdago

PRESENTACIÓN
Probablemente si alguien me hubiera pedido que redactara y preparara el bosquejo
general de mi primer poemario, hubiese empezado con más preocupación que
convicción por aplicar las metodologías que a la larga no hacen más que matar la
inspiración, y hubiera sesgado parcialmente mis momentos de producción creativa a
partir de los afanes que ofrece el reflexionar en lo que la gente desea leer, las
academias pretenden condecorar y las editoriales prefieren publicar. Pero por fortuna
no fue este mi caso, y nadie pretendió si quiera hacerme tan arrogante propuesta, sino
hasta días después del momento aquel en que escribí el punto final de la última de las
líneas que componen este trabajo poético.
Después de todo, en el proceso me di cuenta que mi primer poemario sería una labor
libre de avaricia y pretensiosa hechura, que la pluma en mi mano trazaría el derrotero
de espejismos tangibles y palpables en la condición de cualquiera que tuviera la
ocasión de leer mi obra, y que la ansiada creatividad solo es amiga de quien trabaja a
favor del arte en todo su esplendor. Esto significa que las formas construidas solo valen
la pena cuando el artífice se ha despojado de afanes egoístas y de una conciencia
ensimismada, solo así su espíritu se hace uno con el Universo y compone al unísono
con los vestigios de la sabiduría colectiva, hazañas que jamás imaginó que de él
manarían.
Por lo tanto la autoría de una pieza artística es tan relativa como las visiones tenidas
bajo hipnosis, que no son siempre explicables ni enteramente comprensibles. Esta es
una buena razón para dilucidar porqué el escritor no se jacta de su obra y porqué hay
a quienes les parece en un libro, estar viendo las planas auténticas de su vida
revelándose crudamente en la entrega sublime de unas páginas abiertas.
Este es el comienzo, lo primero que supe que debía escribir por necesidad, porque no lo
sentía netamente personal sino eterno e infinito; no es simplemente un deber social sino
un aliento vital que esta hecho de la luz sinestésica de ideas perpetuas. Yo de mi mismo
no podría componer una sola estrofa sino fuera por el reflejo de la vida en la penumbra
gloriosa que se inscribe por el alma de mi pluma en la pureza del papel. Este debe ser
el comienzo y no otro porque son mis primeros versos, los versos de niño de joven y de
adulto, estaría mintiendo si no empezara por reconocerlos, y hay en todos ellos una
imagen renuente de personajes que no son como yo, de lugares que mi cuerpo no ha
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