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Bailén

—¿Y ninguna de las personas de esta casa fué maltratada por la soldadesca francesa?—pregunté,
deseando saber qué personas había en la casa.
—Ninguna; sólo mi tío el Marqués tuvo una contusión en la cabeza; pero recibióla al esconderse
debajo de una cama, y lo hizo con tanto ímpetu, que se dió un golpe muy fuerte contra el suelo.
Un amigo de casa, que nos visita todos los días, D. José María de Malespina, también recibió un
ligero rasguño en la mano derecha al ocultarse detrás de un armario.
—¿Y las señoras? Oí decir que una sobrinita de la Sra. Marquesa ... o sobrinita de Su
Excelencia, no estoy bien seguro, había venido de Madrid con objeto de acompañarlas.
—No—contestó Amaranta, mirando al suelo.
—Pues entonces lo confundo yo con otra cosa. Paréceme que en Madrid lo oí decir al señor
licenciado Lobo, aquel famoso escribano...; pero no, seguramente se equivocó.
—¿Conoces tú al Sr. de Lobo?—me preguntó con inquietud.
—Ya lo creo; somos muy amigos. Le conocí cuando yo servía en casa de D. Mauro Requejo..., y
por cierto que el señor licenciado y yo tuvimos una cuestión con motivo de cierta jovencita...,
una infeliz, señora, una desgraciada chiquilla, huérfana de padre y madre.
—A ver, cuéntame eso.
—Pues los Sres. de Requejo, que eran dos puerco-espines martirizaban a la damisela. Yo tenía
lástima de ella y quise sacarla de allí..., pero me fusilaron los franceses.
—¡Te fusilaron!
—Sí, señora, y el Sr. de Lobo...; pues..., lo cierto fué que la niña desapareció.
—Ya.... Cuéntamelo todo.
Con el mayor afán, con el interés más grande que durante mi vida he sentido por cosa alguna,
empezaba yo a contar a la Condesa lo que sabía, cuando la entrada de dos personas me
interrumpió.
Eran el diplomático y D. José María de Malespina, aquél por tantos títulos famoso, aunque
retirado, coronel de Artillería, de quien hablé cuando lo de Trafalgar. El primero me reconoció y
tuvo la bondad de dirigirme algunas bromas.
XII
—Sobrina—dijo el Marqués—, pronto tendremos aquí las tropas de Castaños. ¿Sabes lo que
ahora le decía al Sr. de Malespina? Pues le decía que si la Junta de Sevilla me comisionara para
entrar en negociaciones con los franceses, tal vez lograría poner fin a esta desastrosa guerra.
 
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