Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Bailén

Más allá de Noblejas y Villarrubia de Santiago, y cuando después de una larga jornada
sesteábamos, apartados del camino, junto a la ermita del Santo Niño, se nos agregó un mozo que
nos dijo llevaba el mismo camino que nosotros y que desde entonces fué nuestro inseparable
compañero. Tenía como veinte años, llamábase Andresillo Marijuán, y aunque era natural de
Aragón, iba a servir de mozo de mulas a un pueblo de Andalucía, en casa de la condesa de
Rumblar, su ama y señora, pues en las fincas que ésta poseía en tierra de Almunia de Doña
Godina había nacido aquel mancebo. Al punto su genio franco y alegre simpatizó con el mío y
nos hicimos muy amigos. Santorcaz nos trataba con superioridad, aunque sin tiranía. Cuando al
llegar a una posada, cabalgando él en perverso macho y nosotros a pie, íbamos a tenerle el
estribo y después a quitarle las espuelas, deshaciéndonos en cumplidos y cortesías, teníamos que
apretar los dientes para no soltar la risa. Marijuán, que mejor que yo sabía fingir, era el
encargado de ordenar al ventero que le diese al amo lo mejor de la despensa, porque Su
Excelencia, que iba de Regente a Sevilla, era hombre terrible y castigaba con fiereza a los
posaderos que no le servían bien.
Así atravesamos la Mancha, triste y solitario país, donde el sol está en su reino y el hombre
parece obra exclusiva del sol y del polvo; país entre todos famoso desde que el mundo entero
hase acostumbrado a suponer la inmensidad de sus llanuras recorrida por el caballo de D.
Quijote. En opinión general es la Mancha la más fea y la menos pintoresca de todas las tierras
conocidas, y el viajero que viene hoy de la costa de Levante o de Andalucía, se aburre junto al
ventanillo del vagón, anhelando que se acabe pronto aquella desnuda estepa, que como inmóvil y
estancado mar de tierra, no ofrece a sus ojos accidente, ni sorpresa, ni variedad, ni recreo alguno.
Ésto es lo cierto: la Mancha, si alguna belleza tiene, es la belleza de su conjunto, su propia
desnudez y monotonía, que, si no distraen ni suspenden la imaginación, la dejan libre, dándole
espacio y luz donde se precipite sin tropiezo alguno. La grandeza del pensamiento de D. Quijote
no se comprende sino en la grandeza de la Mancha. En un país montuoso, fresco, verde, poblado
de agradables sombras, con lindas casas, huertos floridos, luz templada y ambiente espeso, D.
Quijote no hubiera podido existir y habría muerto en flor, tras la primera salida, sin asombrar al
mundo con las grandes hazañas de la segunda.
Don Quijote necesitaba aquel horizonte, aquel suelo sin caminos, y que, sin embargo, todo él es
camino; aquella tierra sin direcciones, pues por ella se va a todas partes, sin ir determinadamente
a ninguna; tierras surcadas por las veredas del acaso, de la aventura, y donde todo cuanto pase ha
de pareer cobra de la casualidad o de los genios de la fábula; necesitaba de aquel sol que derrite
los sesos y hace a los cuerdos locos; aquel campo sin fin donde se levanta el polvo de
imaginarias batallas, produciendo, al transparentar de la luz, visiones de ejércitos de gigantes, de
torres, de castillos; necesitaba aquella escasez de ciudades que hace más rara y extraordinaria la
presencia de un hombre o de un animal; necesitaba aquel silencio cuando hay calma, y aquel
desaforado rugir de los vientos cuando hay tempestad; calma y ruido que son igualmente tristes y
extienden su tristeza a todo lo que pasa, de modo que si se encuentra un ser humano en aquellas
soledades, al punto se le tiene por un desgraciado, un afligido, un menesteroso, un agraviado que
anda buscando quien le ampare contra los opresores y tiranos; necesitaba, repito, aquella total
ausencia de obras humanas que representen el positivismo, el sentido práctico, cortapisas de la
imaginación, que la detendrían en su insensato vuelo; necesitaba, en fin, que el hombre no
pusiera en aquellos campos más muestras de su industria y de su ciencia que los patriarcales
molinos de viento, a los cuales sólo el lenguaje faltaría para ser colosos, inquietos y furibundos,
que desde lejos llaman y espantan al viajero con sus gestos amenazadores.
Remove