Not a member?     Existing members login below:

Bailén

—Aquí estamos consternados, Sr. D. Felipe—dijo el ayo—. Y si mi amo no parece, el mundo
habrá perdido en el fragor de horripilante batalla a un joven que prometía ser gran filósofo y que
ya era insigne calígrafo.
—¡Demonio de contrariedad!—dijo el diplomático, sacando su caja de tabaco y ofreciendo un
polvo al ayo, después de tomarlo él—. Lo siento.... A nuestra edad nos gusta tener quien nos
suceda y herede nuestras glorias para desparramar su luz por los venideros siglos. Vea usted la
razón por qué me apresuré a reconocer a mi querida hija.... ¡Ah!, Sr. D. Francisco, yo he tenido
una juventud muy borrascosa, como todo el mundo sabe, y hartas noticias tendrá usted de mis
aventuras, pues no había en las Cortes de Europa dama alguna, casada ni soltera, que no se me
rindiese. Después de todo, es una desgracia haber nacido con tal fuerza de atracción en la
persona, señor D. Francisco; tanto, que todavía..., pero dejemos esto. Ahora no me ocupo más
que del bienestar de mi idolatrada niña. Y a fe que si es cierto que no existe D. Diego, no por eso
se quedará soltera, pues cartas tengo aquí del príncipe de Lichenstein, del archiduque Carlos
Eugenio, del conde de Schöenbrunn y de otros esclarecidos jóvenes de sangre real pidiéndomela
en matrimonio. Como tengo tantos amigos en las Cortes de Europa, y en España mismo, pues ...
ya he sabido que las principales familias acogidas en Bayona o residentes en Madrid, se disputan
la mano de mi hija. ¿La ha visto usted, Sr. D. Francisco? ¿Ha observado usted en su cara los
rasgos que indican la noble sangre mía y la de aquella hermosísima cuanto desgraciada señora
extranjera...? ¡Oh!, me enternezco, Sr. D. Francisco.... Pero hablemos de otra cosa: cuénteme
usted cómo ha sido esa batalla. ¿Conque hemos ganado? ¿Y hay capitulación? De modo que he
llegado a tiempo. ¡Oh!, Sr. D. Francisco, temo que hagan un desatino, si no les asisto con mis
luces, porque los militares son tan legos en esto de tratados.... Yo traigo un proyectillo, mediante
el cual la Rusia ocupará Despeñaperros, España pasará a guarnecer las orillas del Don y de la
Moscowa, y Prusia....
Cuando me marché, el diplomático continuaba calentando los cascos al buen preceptor, que le
ofreció algunos manjares y vino de Montilla para reparar sus fuerzas. Al salir de la casa, vi en la
puerta de la calle a varios hombres, no de muy buena facha por cierto, uno de los cuales llegóse a
mí, y tomándome por el brazo, me dijo:
—¿Conoces tú a esa gente que acaba de llegar?
—No, Sr. de Santorcaz—repuse—. No sé qué gente es ésa ni me importa saberlo.
Apartámonos todos de la casa, y por el camino me dijo otra vez D. Luis que tendría mucho gusto
en verme en las filas de su compañía.
Al día siguiente, que era el 20, nos ocupamos Marijuán y yo en buscar otra vez a nuestro amo.
Uniósenos D. Paco, y el General español escribió un oficio a Dupont, rogándole que nos
permitiera hacer indagaciones en el campamento francés, para ver si se encontraba allí a D.
Diego, herido o muerto. Visitamos el hospital enemigo, y entre los heridos no había ningún
español, lo cual nos desconsoló sobremanera. Yo no era el que menos se acongojaba con esta
contrariedad, aunque sabía el casamiento de Inés. ¿Qué significaba aquel generoso sentimiento
mío? ¿Era pura bondad, era puro interés por la vida del semejante, aunque fuese enemigo, o era
un sentimiento mixto de benevolencia y orgullo, en virtud del cual yo, convencido de que Inés
no amaba sino a mí, quería proporcionarme el gozo de ver a D. Diego despreciado por ella?
Francamente, yo no lo sabía, ni lo sé aún.
Remove