Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
Y montó en el cochecillo, nervioso e impaciente, con el deseo de llegarcuanto antes a casa
para dejar a la familia y correr en busca delinfalible protector.
Juanito no tuvo tanta presencia de ánimo. Pálido, sudoroso, hablando ygesticulando como un
sonámbulo, casi echó a correr sin despedirse de lafamilia. Iba al despacho del poderoso Morte, a
aquella Meca de lafortuna, y sentía una inmensa extrañeza al ver que la gente no mostrabala
menor impresión, que el cielo estaba azul, que todo se hallaba comosiempre y no surgía la más
leve señal exterior para hacer saber al mundoque el gran genio se había equivocado por primera
vez aconsejando labaja.
XI
La derrota fue completa.
A los dos días, ninguno de los bolsistas que tenían por oráculo alfamoso don Ramón dudaba
de ella. El mismo banquero confesaba que estavez se había equivocado, aunque no por ello
dejaba de sonreír,asegurando que lo mismo que había ocurrido una alza contra todas
susprevisiones, podía sobrevenir una baja, pues no todos los tiempos soniguales.
Y aquellos hombres de fe inquebrantable acogían como risueña esperanzalas ambiguas
palabras del banquero, prestándoles esto cierta energíapara sobrellevar el golpe. A todos los
admiradores de don Ramón leshabía alcanzado la derrota; pero quien más sufría era el señor
Cuadros,que de un golpe veía desaparecer todas las ganancias de su vida debolsista.
Pero él no desmayaba, no señor. ¿Qué gran general no sufre una derrota?Él era soldado fiel de
don Ramón y le seguía a ciegas, convencido de quecon un hombre así, de tropezón en tropezón,
más tarde o más temprano sellegaba a la victoria.
Con el error del banquero, quedaba lo mismo que antes de entrar en laBolsa: dueño de la
tienda y de unas cuantas fincas sin importancia. Peroesto mismo le animaba y le hacía ser más
tenaz en sus propósitos. Alfin, ¿qué había perdido? Igual estaba ahora que antes de entrar en
elnegocio. Lo que había ganado en la Bolsa justo era que en la Bolsa seperdiese. Además, que le
quitasen lo mucho que se había divertidogastando el dinero a manos llenas.... ¡Adelante! El buen
carreterovuelca muchas veces en un bache insignificante.
Y con tantos ánimos se sentía, que consolaba a Juanito, el cual, sinperder tanto como su
maestro, mostrábase aterrado por el suceso.
—Vaya, muchacho, debes tener más alma o retirarte del negocio, ¿Creestú que se pescan
millones sin correr peligro? Aquí me tienes a mí, queme he quedado lo mismo que hace un año:
convertido en un tenderillo deescasa fortuna. Otro se consideraría perdido; pero yo me quedo
tanfresco. ¿Que sigue sosteniéndose el alza? Pues yo a la baja, como antes.A la baja está don
Ramón, y sigo a su lado. No hay cosa que disgustetanto a la suerte como la inconsecuencia.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.