Read The Great
Gatsby
FREE.
Click Here

Try it FREE or V.I.P. Sign-up Now. It's Quick and Easy!

Free-Ebooks.net is the internet's #1 online source for free ebook downloads, resources and authors
mujer, la viudacomenzaba a encontrarlo simpático, viendo en él como una resurrección desu
segundo marido, de aquel doctor calavera al que tanto había amado.
—Si ustedes quieren, las acompañaremos Andresito y yo.
Doña Manuela, animada por un instinto pudoroso, intentó excusarse.
—Sí; Antonio las acompañará—se apresuró a decir Teresa.
Ya la pobre mujer la rogaba con su mirada que aceptase, como si fuesepara ella una esperanza
que su marido prolongase la conversación con laviuda. ¡Quién sabe cuántas cosas podía decir
doña Manuela al maridoinfiel!
No hubo medio de excusarse. Las de Pajares salieron acompañadas porAndresito y don
Antonio, siguiéndolas con su vista ansiosa la crédulaTeresa. ¡Dios mío, que se ablandara el
corazón de aquel hombre, para queno la martirizase escandalizando a la familia y los amigos!
Abajo, en la cerrada tienda, encontraron a don Eugenio, siempre con lagorrita de seda, el cual
acogió con gesto huraño a su antiguodependiente. Las de Pajares y sus dos acompañantes
siguieron por unaacera del Mercado. Delante, las dos niñas con Andresito; Conchamalhumorada
y ceñuda porque en todo el día no había visto al eleganteRoberto, y Amparo muy satisfecha de
poder lucir un novio, para molestiade su hermana. Detrás, el señor Cuadros dando el brazo a
doña Manuela,apretándola intencionadamente el codo sobre su cadera cada vez quesoltaba una
palabrita atrevida y contoneándose como un invencibleconquistador.
Fue algo más que acompañar a las de Pajares lo que hicieron el padre yel hijo. Subieron con
ellas, permanecieron de visita más de una hora,cantó Amparito para obsequiar a su futuro
suegro, y cuando salieron a lacalle, el padre y el hijo marchaban como compañeros
unidosfraternalmente por una común empresa.
Sólo habían transcurrido algunos meses, pero estaban ya lejanos paraCuadros aquellos
tiempos en que el tendero de costumbres tranquilas yrutinarias se indignaba al saber que su hijo
iba a los bailes y leesperaba tras la puerta empuñando fieramente la vara de medir.
IX
A las cuatro de la tarde entraban las de Pajares en el paseo de laAlameda.
Era domingo, y la animación ruidosa y expansiva de los días festivosinundaba la acera
izquierda del paseo. El tiempo era hermoso: una tardede verano, con el cielo limpio de nubes, y
en lo más alto, como un jirónde vapor tenue y apenas visible, la luna, esperando pacientemente
que lellegase el turno para brillar. Las largas filas de rosales, los macizosde plantas, toda esa
jardinería mutilada y corregida por las tijeras delhortelano, reverdecía con el soplo cálido de la
tarde y se cubría deflores, uniendo sus simples perfumes a la estela de esencias que dejabanlas
señoras tras su paso.
 

READ THIS BOOK AS

* For VIP Members Only. To access these formats usable with Kindle, Sony Reader, iPad and other readers, please upgrade


Do you like this book? yes no
LIKES (0)
DISLIKES (0)


Free-eBooks.net, Paradise Publishers Inc.