Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Arroz y Tartana

Mientras tanto, Teresa, sin dejar de atender a los convidados y deabrumarles con obsequios,
no quitaba los ojos de su marido y de labondadosa amiga. Doña Manuela experimentaba una
profunda conmiseracióncada vez que se fijaba en la pobre esposa. ¡Bueno estaba su marido
paraintentar conversiones! El señor Cuadros era un hombre perdido parasiempre, un hambriento
que había gustado el fruto prohibido, tras muchosaños de vida obscura y laboriosa, sin saber lo
que era juventud ytrabajando como una bestia de carga. Antes moriría que hallarse saciado.Nada
podría adelantar su esposa alejándolo de Clarita. Los calaverascincuentones resultan terribles por
su candidez, y aunque los aíslen,son capaces de enamorarse de la criada de la casa.
Doña Manuela afirmábase aún más en esto al notar lo que ocurría entorno de ella. ¿De quién
era aquel pie que debajo de la mesa pisaba elsuyo? ¿Qué rodilla era la que tan audazmente
acariciaba su falda deseda? Del señor Cuadros, de aquel honrado padre de familia quecontestaba
a sus palabras con melosos gestos y parecía medirla de arribaabajo con sus ojos encandilados.
¡Pobre Teresa! Tal vez se imaginaba que las palabras de doña Manuelaconmovían al
descarriado, haciéndole entrar en el camino delarrepentimiento; no adivinaba ni aun
remotamente que su marido, por unaaberración extraña, en la que entraba por mucho el amor
propio,comenzaba a entusiasmarse con la belleza algo marchita de la esposa desu antiguo
principal.
La viuda sentíase molestada por tales audacias; agitábase nerviosa en suasiento, pero callaba y
seguía sonriendo. Pensaba en que la situaciónimponía disimulo, y que la amistad del matrimonio
Cuadros le era muynecesaria para salvarla en sus apuros de señora en decadencia, acosadapor las
deudas. Además, el porvenir de su hija, de su Amparito, estabaallí, y la viuda lanzaba una
mirada de ansiedad maternal al extremo dela mesa, donde estaba la niña junto a Andresito,
recibiendo con gestosde gatita mimosa los dulces y las palabras de su novio.
Tras media hora de sobremesa, se disolvió la reunión. Los hombres ibanen busca de sus
sombreros y las señoras besuqueábanse al despedirse,murmurando todas el mismo saludo:
—Hasta el año que viene. Que Dios nos conserve a todos la salud, paraver la procesión.
Fueron desfilando todas las familias, y al fin quedaron solas las dePajares, que esperaban a
Juanito o Rafael para que las acompañase acasa.
El señor Cuadros seguía acosando a doña Manuela Ésta se había levantado,huyendo de las
audaces intimidades por debajo de la mesa, pero elbolsista la seguía para continuar su
conversación. Ahora los dos estabanjunto a Teresa, y el marido sólo se permitía frases amables y
recuerdossobre la gran amistad que siempre había unido a las dos familias.
—Los chicos tardarán en venir—dijo don Antonio—. Rafael estará consus amigos; y en
cuanto a Juanito, le atraen obligaciones ineludibles.Me han dicho que ahora tiene novia y está
loco por ella. ¡La juventud!¡Oh, qué gran cosa! Ya conozco yo eso, ¿verdad, Teresa?
Y como si presintiese lo que pensaba su mujer y quisiera apaciguarla deantemano, lanzaba a
la obesa señora una mirada de ternura, como unhombre honrado y de costumbres intachables
recordando su tranquila lunade miel.
Doña Manuela estaba admirada. Decididamente, la tal Clarita habíacambiado a aquel hombre.
Era un tuno. Y en vez de indignarse por lacrueldad con que mentía e intentaba engañar a su
Remove