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Ariel

el toque impregnante delpincel en el lienzo o de la onda en la
arena—comenzó a decir, frente auna atención afectuosa:
Junto a la estatua que habéis visto presidir, cada tarde,
nuestroscoloquios de amigos, en los que he procurado despojar a
la enseñanza detoda ingrata austeridad, voy a hablaros de nuevo,
para que sea nuestradespedida como el sello estampado en un
convenio de sentimientos y deideas.
Invoco a ARIEL como mi numen. Quisiera ahora para mi
palabra la mássuave y persuasiva unción que ella haya tenido
jamás. Pienso que hablara la juventud sobre nobles y elevados
motivos, cualesquiera que sean, esun género de oratoria sagrada.
Pienso también que el espíritu de lajuventud es un terreno
generoso donde la simiente de una palabraoportuna suele rendir,
en corto tiempo, los frutos de una inmortalvegetación.
Anhelo colaborar en una página del programa que, al
prepararos arespirar el aire libre de la acción, formularéis, sin
duda, en laintimidad de vuestro espíritu, para ceñir a él vuestra
personalidadmoral y vuestro esfuerzo. Este programa propio—
que algunas veces seformula y escribe; que se reserva otras para
ser revelado en el mismotranscurso de la acción—, no falta
nunca en el espíritu de lasagrupaciones y los pueblos que son
algo más que muchedumbres. Si conrelación a la escuela de la
voluntad individual, pudo Gœthe decirprofundamente que sólo
es digno de la libertad y la vida quien es capazde conquistarlas
día a día para sí, con tanta más razón podría decirseque el honor
de cada generación humana exige que ella se conquiste, porla
perseverante actividad de su pensamiento, por el esfuerzo
propio, sufe en determinada manifestación del ideal y su puesto
en la evolución delas ideas.
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