pulmones todavía lossentidos perciben en aterradora
inmovilidad; entonces Azorín se hainclinado sobre Verdú y ha
pronunciado con voz lenta y sonora:
—¡Maestro, maestro; si me oyes aún, yo te deseo la paz!
Y el clérigo ha levantado los ojos al cielo y ha dicho:
—¡Dios lo habrá acogido en su santo seno! Suscipe Dómine,
servum tuamin locum sperandoe sibi salvationis a misericordia
tua.
—¡Ha vuelto al alma eterna de las cosas!
Todo ha tornado a quedar en silencio; el aire es luminoso y
ardiente; enel fondo del patio, allá en el huerto, sobre el follaje
verde, brillanlas manzanas rosadas, las ciruelas de oro, los
encendidos albérchigos.La mariposa blanca ha desaparecido. Y
suena una campanada larga, ydespués suena otra campanada
breve, y después suena otra campanadalarga...
Sarrió y Azorín han ido a Villena.
Esta es una ciudad vetusta, pero clara, limpia, riente.
Tienecallejuelas tortuosas que reptan monte arriba; tiene vías
anchassombreadas por plátanos; tiene viejas casas de piedra con
escudos ybalcones voladizos; tiene una iglesia con filigranas del
Renacimiento,con una soberbia reja dorada, con una torre
