todas las escenas y hastalas tres obras enteras. Sí, a Azorín le
parecen excelentes las treszarzuelas.
—¿Usted—pregunta el viejo—no conoce a Sinesio Delgado?
—No, no conozco al señor Delgado.
—¿Conocerá usted, por lo menos, a López Silva?
Azorín, horrorizado a la sola idea de conocer a López Silva, se
haapresurado a protestar.
Entonces el viejo ha movido la cabeza como conformándose
con sudesgracia, y ha exclamado tristemente:
Este viejo ha venido esta mañana en el tren; esta noche
regresará a sucasa. Cuando entre en ella y cierre tras sí la puerta
y se vea otra vezsolo, lanzará un suspiro y pensará que hoy se le
ha disipado unaesperanza.
Azorín ha recibido hoy una carta; la fecha decía: Petrel; la
firmarezaba: Tu infortunado tío, Pascual Verdú.
¡Pascual Verdú! Azorín, de lo hondo de su memoria, ha visto
surgir lafigura de su tío Verdú. Ha columbrado, confusamente,
entre sus recuerdosde niño, como una visión única, una sala
ancha, un poco oscura,empapelada de papeles grises a grandes
