Se oyen decuando en cuando los golpes de los aldabones. Una
puerta se abre, tornaa cerrarse.
Este es un casino amplio, nuevo, cómodo. Está rodeado de un
jardín; eledificio consta de dos pisos, con balcones de piedra
torneada. Primeroaparece un vestíbulo enladrillado de
menuditos mosaicos pintorescos; losmontantes de las puertas
cierran con vidrieras de colores. Después sepasa a un salón
octógono; enfrente está el gabinete de lectura, con unaagradable
sillería gris y estantes llenos de esos libros grandes que
seimprimen para ornamentación de las bibliotecas en que no lee
nadie. A laderecha hay un gran salón vacío (porque no hace falta
tanto local), y ala izquierda otro gran salón igual al anterior,
donde los socios sereúnen con preferencia. Mesas cuadradas y
redondas, de mármol, se hallanesparcidas acá y allá alternando
con otras de tapete verde; junto a lapared corre un ancho diván
de peluche rojo; en un ángulo destaca unpiano de cola, y verdes
jazmineros cuajados de florecillas blancasfestonean las
ventanas.
Son los primeros días de otoño; los balcones están cerrados; el
vientomueve un leve murmullo en el jardín; poco a poco van
llegando los sociosa su recreo de la noche; brillan las lámparas
eléctricas.
Estos socios, unos juegan a los naipes; otros, al dominó—
juego muy enpredicamento en provincias—, otros charlan sin
