afirmar que es una monstruosidad. ¡Estaplanta está enamorada
del sol! Cuando el sol sale, ella abre sus hojas;cuando se pone,
las cierra en señal de tristeza; no vive, en resolución,sino para su
amado. Es el eterno caso del villano que se enamora de
laprincesa.
En cambio, la arrebolera tiene por el sol un profundo
desprecio; cierrasus flores de día y las abre de noche. ¿Hace
bien la arrebolera? Azoríncree que sí. Francisco de Rioja le
dedicó una silva, y en ella apruebasu conducta en versos que
parecen hechos para censurar la insana pasiónde la malva. Véase
lo que dice Rioja:
¡Oh, como es error vano
fatigarse por ver los resplandores
de un ardiente tirano,
que impío roba a las flores
el lustre, el aliento y los colores!
Todas las plantas tienen, en suma, sus veleidades, sus odios,
susamores. Las pasiones que nosotros creemos que sólo en el
hombrealientan, alientan también en toda la Naturaleza. Todo
vive, ama, goza,sufre, perece. El ácido y la base se estrechan en
la sal; el cilandroama al anís; el hombre ansía las bellas criaturas
que palpitan de amorentre sus brazos.
