La alcoba es amplia y clara. Recibe la luz por un balcón.
Estánentornadas las maderas; en la suave penumbra, la luz que
se cuela por lapersiana marca en el techo unas vivas listas de
claror blanca.
Adornan las paredes cuatro fotografías de los tapices de Goya.
Lasesbeltas figuras juegan, bailan, retozan, platican sentadas en
un pretilde sillares blancos; el cielo es azul; a lo lejos la crestería
delGuadarrama palidece.
Amueblan la alcoba: una cama de hierro, un lavabo de mármol
con suespejo, una cómoda con ramos y ángeles en blanca
taracea, una percha,tres sillas, un sillón de reps verde.
En este sillón verde está sentado Azorín. Tiene ante sí una
maletaabierta. Y de ella va sacando unas camisas, unos
pañuelos, unoscalzoncillos, cuatro tomitos encuadernados en
piel y en cuyos tejuelosrojos pone: MONTAIGNE.
Azorín pasa toda la mañana leyendo, tomando notas. A las
doce, cuandotocan el caracol—a modo de bocina—para que los
labriegos acudan, bajaal comedor. El comedor es una pequeña
pieza blanca; en las paredescuelgan apaisados cuadros
antiguos—que como están completamente negroses de suponer
que no son malos—; frente a la puerta destaca un armario,en que
